Vení, vení que te voy a hacer vivir un infierno. Pasá por acá, ponete cómodo. Sí, cómodo vas a estar, porque voy a actuar como nadie. Vas a vivir en un mundo de apariencias del que no vas a querer salir, porque voy a hacer que te desprendas de la realidad un rato, para después hincarte ahí, en los afectos, en donde más te duele, y sin anestesia previa.
Te va a encantar estar conmigo. Voy a hacer que te encuentres a vos mismo, que empieces a quererte, te voy a halagar como nadie. Voy a resaltar tus cualidades y hasta te van a gustar tus defectos. Te voy a decir que sos como ninguno. Te voy a complacer en todo sentido. Me voy a desvivir para que sientas placer. Vas a tener los mejores orgasmos; esos que te encantan, los auditivos y los visuales. Te voy a cantar siempre. Voy a hacer que sueñes conmigo. Te voy a hacer sentir deseado, querido, el único en el mundo y en mi lista. El único que quiero. Lo único que necesito.
Todo eso, para después, con una simple frase, destruirte. Destruir tus emociones. Dejarte seco. Dejarte sin ganas de sentir. Sin encontrarle el sentido a nada. Hacer que tengas que volver a tus anteriores andanzas. Hacer que pierdas la dignidad por ahí, y que no te importe. Te voy a llenar tanto la cabeza con cosas buenas para después dejar de mostrarte reciprocidad en el cariño por un ratito, y te des cuenta de que es todo una mierda. Te voy a dejar revolucionado para mal.
Porque si bien desde antes ya eras un infeliz, ahora voy a hacer que te sientas infeliz, después de haberte hecho la persona más feliz del mundo.
Nada de eso alguna vez te dije, o te hice.
Vos tampoco me lo dijiste, con la diferencia que lo hiciste. Me revolucionaste. Cambiaste mi estado, mi paradigma. Disipaste mi forma de vivir.
Hubiera preferido que me dijeras todo lo que tenías pensado hacer conmigo.