Otro cuerpo es otro mundo. Nada nuevo estoy diciendo. Pero en mis sueños experimenté viajar sin abrir los ojos. Al tacto, a la mirada, al gusto de la saliva ajena. Pensé que sus manos, sus rodillas y sus cachetes son países de ese mundo. Su espalda, el gran océano. Ese mundo no se diferencia mucho al planeta Tierra, ni tampoco al mundo que soy yo.
Las ideas de ese mundo nacen, como sucede en todos los mundos, de los países más desarrollados y pensantes, los países que se ubican en la cabeza. Estos son: los ojos, la nariz, la boca. Pero lo mejor de todo es que cada mundo tiene una ideología diferente, una cultura diferente. El mundo es chiquito.
Los fenómenos naturales, biológicos e imposibles de evitar suceden en todo el mundo naciendo desde la panza. El mundo se nutre, se distribuye y excreta. Porque a veces llueve.
A mí, lo que me apasiona es conocer sobre la cultura de ese mundo. Cómo vive. Lo que quiere y lo que lo acecha. Lo que desea y por qué lucha. Saber que en ese mundo no se toma tereré y las cosas dulces son por demás bienvenidas.
El mundo quiere ser feliz. Deseo que tiene también este mundo que soy yo, y seguramente los demás mundos que son las otras personas. Tengo miedo de que ese mundo tenga guerras internas. Las guerras con mundos exteriores son inevitables y hasta necesarias, pero las guerras que suceden en un mismo mundo se pueden evitar. Su Dios, es decir, el dueño de ese mundo las tiene que evitar. Lo bueno es que si su Dios no puede evitarlas, dioses de otros mundos pueden intervenir aportando pensamientos. Dios puede salvar su mundo de alguna manera, Dios solo tiene que querer. Dios tiene que cuidar su mundo. Amarlo. Amar cada lunar de su mundo, cada mancha de nacimiento, cada imperfección, cada parte del mundo, porque Dios va a vivir en ese mundo hasta que junto con el mundo se muera. Dios no tiene que dejar que nadie hable mal de su mundo, ni le haga daño. Dios es muy inteligente, sobre todo el Dios de ese mundo, del que hablo. Además de que tiene mucho amor por brindar, no solo a sí mismo sino a mundos y dioses ajenos. Conocí a un Dios con poder de vulnerar mi mundo, aunque es un Dios débil.
Muero porque algún árbol de éste gran universo llamado naturaleza, nos haga sombra, a éste mundo que soy yo y a ese mundo que es él. De esa manera poder explorar sus manos, masajearlas, consolarlas. Tantear su barba. Ser feliz en su pecho, recostada. Porque lo mejor de los mundos es cuando se encuentran, cuando sus dioses se encuentran y se conocen, y se genera una sociedad que busca la paz de ambos mundos. Y los países de los mundos se conocen y entrelazan. Generalmente, los países Manos, andan juntos todo el tiempo. Los países Ojos no dejan de admirarse. Los países Boca mueren por sentirse. Es adorable e inexplicable la manera en que dos mundos pueden tornarse uno, pero aún así seguir siendo ellos mismos. Y los dioses, los dioses se enamoran. Los dioses no piensan en sus hijos por quienes deberían velar. Los dioses, por primera vez -y hacen bien- piensan en ellos mismos, en su felicidad. Porque si un Dios es feliz, el otro tiene un nuevo motivo para también serlo. Un Dios le dice al otro: "Primero estás vos, después estás vos, y después recién los demás". Los dioses se cuidarán y se darán paz.
No pretendo invitarte a que seas mi mundo complementario, ni a yo ser el tuyo. No pretendo que dependamos del otro, solamente quiero que sepas que no te imaginás lo que me gustaría no tomar tereré con vos.
Adorable puente se ha creado entre los dos.