Tu comisura derecha, mía siempre, por cierto
está indefinida y esperando un beso.
La del lado izquierdo se pone celosa, le digo que espere su turno,
su expectativa es grande y su beso va a ser profundo.
Las comisuras que se encuentran en los márgenes de tu boca
son los hoyuelos de mis recuerdos y me vuelven loca.
Casi que me destiño, me quedo sin palabras.
Se me van los colores y me pongo gris,
y eso que todavía no hablé de tu nariz.
Derechita y poco descriptible, pero ¿cómo no desearla si es el tobogán que me conduce a tus labios?
Esos hermosos rojitos que deseo a diario.
Mi deseo de cumpleaños es nadar en tu piel
En Navidad pido eso también.
En Año Nuevo el deseo cambia, ahí deseo nadar en tu almohada
Ella guarda más que yo: tu pelo húmedo, tu olor, la forma de tu cabeza.
Guarda tu sueños, guarda tu alma.
Y luego subo por inercia y por deseo,
Y me inunda un fuego.
Me quema el corazón. Mis tímpanos estallan
aun así, cuando veo tus ojos siento calma.
Profundos y puros, de la gama de colores de tu alma,
me muestran tu esencia y paz irradian.
Te tuve lejos y te tuve cerca, pero te tuve
Y sostuve
Un puñado de buenas intenciones y amor de pasiones
La pasión que me lleva a hoy estar con vos y ser feliz.
Ser leve, ser veloz, ser verdadera y un poco feroz.
Es que no voy a dejar de defenderte
mucho menos de entenderte.
Pronto va a llegar el día en que hables a mi ombligo, luego mires a tu alrededor y veas algo todo tuyo, todo mío.
Pronto va a llegar el día en que hables a mi ombligo,
y te vas a encontrar tomando té de margaritas conmigo.