Per Yago...
Saber que era lunes, que empezaba la rutina semanal de mierda, que tenía que ver a mis odiosos compañeros de curso, que tenía que comer apurada para llegar temprano, entre otras cosas, deprimía. Daba ganas de tirarse debajo de un tren, o de afilar cuchillos con las venas. Sí, todo eso porque era lunes nuevamente.
Me levanté, algo más rara de lo normal, de mal humor, con el pie izquierdo, se podría decir. Fui al baño tambaleándome y arrastrándome cual zombie. Y si, eso era. Me miré en el espejo y tenía las pupilas dilatadas y unas ojeras que terminaban prácticamente en la pera, sin exagerar. Hice mis necesidades, me bañé, y salí en busca de un buen desayuno, merodeando por mi casa como si fuera un lugar en el cual nunca estuve. Estudié durante toda la mañana. Dediqué dos horas a química y media hora a filosofía. Después de eso ya tenía que cocinar, almorzar, prepararme, e irme a la escuela para así, en ese lunes tan fantástico, rendir las dichas materias, aprobarlas si la Pacha Mama me lo permitía, y sino, como tal perdedora volver a mi casa sabiendo que las posibilidades de que me lleve las materias, aumentaban. ¡Amo los lunes!.
Química era una materia en la cual no me iba mal, pero no era llevadera. Me dormía en las clases, me dormía estudiando, me duermo deletreando la palabra "química", como verán, no es lo mío. Por otra parte, Filosofía era una materia que me resultaba muy interesante, no sé porqué. Tal vez por su contenido, por ser una materia llevadera, por el profesor... Sí, por el profesor. Aunque, vale aclarar que era una materia llevadera e interesante (por el profesor).
El profesor de filosofía, Yago, lo presento, se ubica en mi Top 5 de amores platónicos... Es uno de mis amores platónicos. Es uno de los hombres más bellos, después de Adam Levine, (y otro de mis amores platónicos), que conocí. En fin. Por él, las "rochas" se dejarían de pelear. Las ateas comenzarían a creer. Y las que suelen pasar desapercibidas, harían cualquier cosa para obtener su mirada, aunque sea, durante un segundo. Todo eso por Yago.
Resulta que Yago tenía una novia. Podemos decir que alguien ya era dueña de su corazón, pero para mí, y para las demás mujeres que seguramente se mojaban por él, no era un problema. Al ver a Yago una no estaba enamorada, una podía ver que su cara representaba diversión fogosa de una noche, o de dos, o de todas las noches que el quiera. O de días. El sexy profesor lograba que, al pasar por el patio, todas las miradas femeninas (e incluso algunas masculinas, puede ser) caigan en él. Mi amor. Yago. Leonidas.
Tuvimos química en el primer módulo. Rendí, y el examen fue bastante fácil, era prácticamente imposible que salga mal. Aunque fueron probablemente los ochenta minutos más aburridos y largos de mi vida. Después del recreo, que duró menos que un suspiro, entramos a clases. Filosofía.
Yago entró como siempre, cual "ganador" y sin sentarse se dispuso a repartir las evaluaciones. Me sentaba última. Hizo su recorrido por toda la fila entregando las hojas hasta llegar a mi banco; yo me encontraba sola porque mi compañero había faltado, el profe me dio la hoja y me guiñó el ojo. Quedé atónita con la mente en blanco y oliendo su riquísimo perfume, luego de segundos me di cuenta que como una boba seguía mirando su espalda, con un movimiento brusco bajé mi cabeza para poder leer, pero sentía un calor, y sabía que estaba muy ruborizada. Ojalá nadie me haya visto, o al menos no me haya visto Yago. Me puse a pensar y tal vez, el hombre me odiaba, y como sabía que era tan hermoso, a propósito me guiñó el ojo para que, como una pelotuda, no pueda hacer la evaluación, llevarme la materia y sentir que me cogió un mamut. Estaba boba y con la boca abierta, me costaba parpadear y mucho más me costaba recordar qué tenía que escribir para contestar el cuestionario. Pensé por un momento "Qué Yago de mierda", pero no, no podía enojarme con él ni aunque fuera Hitler, Kony, o un asesino que haya masacrado a mi familia. No podía... era Yago. Me dispuse cual perdedora novata enamoradiza con ganas de acción sexual a poder terminar la evaluación, pero ni siquiera la había empezado. Me costó bastante, y la hice a medias. Se la entregué y con una sonrisa me la aceptó. Qué Yago de mierda.
Se hicieron las 15:50 y tocó el timbre del segundo suspiro que teníamos en esa tarde de lunes, todos se levantaron rápido para salir, pero yo, un poco más pajera, me levanté de mi silla bastante despacio, sin apuro, tan despacio que trascurrieron los segundos y en el aula no quedó nadie más que Yago y yo. Levanté mi cabeza y noté que me estaba mirando, no me gustaría saber cuál fue mi expresión al notar que él y yo estábamos solos en el salón.
- ¿Qué tal el examen? ¿Cómo creés que te fue? - Su voz era más dulce que el dulce de leche.
- Bien... Sí. Qué se yo. jeh... - Me apresuré a encontrar lo que estaba buscando, pero ni siquiera sabía qué estaba buscando. Agaché mi cabeza y al mover el codo tiré mi carpeta, MÁGICAMENTE los anillos truchos que había comprado se abrieron y se salieron todas las hojas. Ya me había perdido la mitad del recreo, y aunque todo ese tiempo estuve sola en el salón con uno de los hombres más hermosos, la pasé mal. Agobiada me agaché a juntar todas las hojas y él, desesperadamente se levantó y se dirigió a mi para ayudarme, se agachó y comenzó a juntar.
- Gracias profe, no hace falta... - Tuve que decirle, porque no sabía qué carajos decir. Me miró fijamente por unos segundos.
- Tenés ojeras, ¿Dormís bien, vos? - Ajá. Se estaba preocupando por mí, pero eso todavía no era señal de que íbamos a follar, lamentablemente.
- Y, más o menos. La verdad no. Pero no importa. -
- Sí que importa. - Y me sonrió.
Pude sentir que nuevamente me había ruborizado y sabía que tenía que salir del curso lo antes posible para no seguir pasando vergüenza con mi profe. MI. Entonces, una vez que juntamos todas las hojas, me dispuse a salir del curso para poder respirar aire fresco al menos un segundo, el recreo ya se estaba por acabar. Pero también creía que yo estaba por acabar, era mucho lo que sentía. Qué locura. Yago se dirigió hacia su banco, tomó su portafolios y se despidió con un "cuidate y dormí". Vi su hermosa espalda mientras se iba, no me contuve y miré su cola. Salí, mientras lo seguía mirando me senté con las chicas y comencé a reírme sola. Supe que ese lunes no fue tan malo. Yago me pudo de tal manera que anhelaba que sea martes para poder tener filosofía nuevamente. Ya que era una materia llevadera e interesante...
No pude dormir bien la noche del martes, porque encima de insomne estaba ansiosa por verlo de nuevo (hablo de Yago) y saber qué podía llegar a pasar ese día. Quería que el tiempo vuele y que suene mi despertador para poder levantarme, hacer mis cosas lo más rápido posible e irme para la escuela. Los martes tenemos filosofía en el primer módulo, o sea, ni bien son las 13:00, ni bien entramos... Si mal no recuerdo, esa noche dormí menos de 3 horas, el tamaño de mis ojeras aumentó y me asusté al mirarme en el espejo esa mañana.
Estuve loca hasta el momento del almuerzo, comí mucho y muy rápido, lo hice sin pensar. Sólo quería marcharme a la escuela porque sabía que el profesor siempre llegaba temprano, y en una de esas, podría encontrármelo. Ojalá... pensaba.
Llegué a la escuela más o menos a las 12:45, fui para mi curso a dejar mis cosas, estaba transpirada, ojerosa y con un poco de mal humor. Caminé por más de 20 minutos por el sol, en el camino, y como el aula estaba fresca y agradable, me quedé allí, saqué un libro que había comenzado a leer y me senté en soledad a esperar que ocurra algo interesante. Noté que algunos de mis compañeros ya habían llegado porque sus mochilas se encontraban sobre sus sillas y mesas, pero no logré ver a ninguno, por suerte, porque tampoco quería. Sólo quería ver a alguien en especial. Comencé mi lectura pero no sabía con exactitud qué estaba leyendo. Leía en blanco, porque puedo leer y pensar a la vez, pero no puedo pensar sobre dos cosas a la vez. Pensaba qué, cómo puede que sea tan desconsiderada como para gustar de un profesor ¡UN PROFESOR!, dejar que me guiñe el ojo, que me sonría, que me diga que me cuide y que tengo que dormir, sabiendo que tiene una novia. Si bien muchas mujeres y chicas de mi edad estaba locas por Yago, yo no tenía que estarlo porque no estaba bien, pero no podía no hacerlo. Lo hacía en silencio.
Miré el reloj de mi celular: 12:52, luego, cerré mi libro para poder escuchar un poco de música antes de que toque timbre, y en ese momento entró Yago, lucía espléndidamente hermoso. No recuerdo haberlo visto más hermoso que ese día. No me había visto, traía sus auriculares, por lo tanto tampoco habrá escuchado mi respiración o algo, no me sintió ahí. Se sentó y se sacó los auriculares. Sin querer hice un movimiento con mi silla lo cual provocó uno de esos ruidos agudos y ásperos que te estremecen y dan escalofríos; él escuchó y levantó la mirada.
- Buenas tardes, no te ví ¿Todo bien? -
- Hola, si, todo bien. Leía un poco... -
- Ah, mirá vos... ¿Qué leés? Mostrame... - Y se dirigió hacia mí. Cruzamos miradas. Se sentó de costado en el banco de adelante para poder verme, continué mirándolo y él a mí. Bajé la mirada para recoger el libro que se encontraba en mi regazo y leí el título en voz alta, pude sentir la penetración de su mirada, sus ojos que no parpadeaban, y comencé a relatar un poco de qué se trataba la historia sin mirarlo, no quería sentirme incómoda ni incomodarlo a él. Luego, volví a mirarlo y en su rostro se había formado una sonrisa. Acabé, literalmente. Comenzó a explicarme algunas cosas sobre literatura y unos libros que él había leído pero no recuerdo nada más de lo que dijo, de hecho no estoy segura si de libros me estaba hablando, lo escuchaba sin escucharlo, terminó su relato con una palabra que al decirla con intensidad y énfasis salió de su boca un viento que hizo que se moviera mi flequillo. Le sonreí y me sonrió. Me sentía importante porque EL profesor de profesores, mi amor platónico, uno de los hombres más hermosos de la galaxia me estaba mirando de una manera provocativa, como diciéndome "Salgamos de la escuela y vayamos al baño de una estación de servicio a hacer cosas sucias" o eso me gustaba pensar.
Se hicieron las 13:02 y tocó el timbre de entrada, todos entraron y Yago se posicionó en su banco para desde allí dar la clase. No dejó de mirarme durante toda la hora, ni yo dejé de mirarlo a él. Estaba tan fuerte.
No logré que pase lo mismo nuevamente y cuando tocó el timbre de recreo traté de salir rápido para no quedar sola con Yago, y pasar vergüenza, soy pésima al dar temas para charlar. El marte fue aún mejor que el lunes. Estaba excitadísima. Filosofía ¡Qué genial materia!
A las 18:00 de ese mismo martes, ya estábamos todos formados mirando hacia el escenario mientras dos individuos con mala suerte arriaban la bandera, una vez que terminaron, uno de los preceptores por el micrófono dijo que el profesor Yago tenía algo que decir a los alumnos. Yago comenzó diciendo que éramos maravillosos y algunas otras mentiras que seguro improvisó. Continuó diciendo que no iba a trabajar más en la institución. Pude ver que los ojos de muchos y muchas se llenaron de lágrimas. Los corazones de muchos y muchas se rompieron como el de Ralph, cuando Lisa le dijo que sólo le dio la tarjeta de la "Maquinita choo choo" por lástima, y yo también sufrí por dentro.
Me di cuenta que tal vez presentía que algo con él iba a pasar, nunca me imaginé que él se iba a ir y probablemente no iba a verlo más, por eso tal vez intenté acercarme un poco inconscientemente. No estaba enamorada de Yago. Estaba loca por él. Y desde el miércoles siguiente que saludó a los alumnos personalmente no volví a verlo. No dejé que me saludé, traté de esconderme. No iba a permitir que me de dos besos en la mejilla como daba a mis compañeras. Me autoconsolé pensando que lo que había pasado ese lunes y martes entre él y yo, por más insignificante que sea, fue mejor que lo que haya pasado con otra alumna. Me gusta pensar eso. Tal vez tuvo sexo con muchas, y no conmigo, y sólo hablamos de lectura porque se asustó de mis ojeras, pero qué bien hubiese estado un encuentro fogoso... También pensé, que tal vez no tenía intenciones de provocarme y solo era mi imaginación volando, supe que eso estuvo mal. Qué Yago de mierda.
No lo vi hasta esta tarde, casi 2 años después desde que dejó de trabajar en la escuela a la que iba. Subí al colectivo y lo vi. Estaba bastante igual, sólo con un corte de cabello diferente y un poco más bronceado. Me derretí por dentro nuevamente. Me miró. Pero no me saludó. No se acordó de mí. Ni me registró. Sentí que eso por un lado, estuvo bien. Sigue siendo parte de mi Top 5 de amores platónicos, sigue siendo uno de los hombres más hermosos que vi, sigue volviéndome loca, lo noté. Nunca me voy a olvidar de Yago, ni tampoco me voy a olvidar de lo feo que fue rendir filosofía en diciembre dos años atrás con el profesor suplente.
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