Me levanté más o menos a las doce del mediodía. Resfriada, y transpirando como chancha, se había cortado la luz, y en pleno mes de Enero eso es normal. Pero es repugnante. Bajé las escaleras gritando por mi mamá, pero a mitad de camino me di cuenta que no había nadie en casa, ya que la tranquilidad era infinita, paz, podía escuchar el silencio, lo cual es muy raro ya que un domingo en mi hogar hay más ruido y desastre que en un conventillo. Es más bien un comedor. Mis otras cuatro hermanas (conmigo cinco), mis siete primos, tres tías, dos tíos, mi papá y mi mamá... No, no éramos muchos, para nada.
Arriba de la mesa del comedor, la cual estaba llena de moscas, encontré una esquelita que decía "Cambiate y andá a lo de tu abuela, comemos allá. - Mamá". ¡YAY! Fue mi expresión. ODIABA ir a lo de mi abuela, lo detestaba, ella vivía lejos y en el campo, además nunca me llevé bien con mi abuela, era una de esas viejas frívolas, platudas, que organizaron la vida de sus hijos (por eso ahora viven como conventilleros) y pretenden arreglar la vida de sus nietos. Yo no lo permitiría, mi abuela era la perfecta HDP. Totalmente una hija de puta. O al menos eso creía.
Ella tenía mucho dinero, gracias a que se casó con alguien a quien ella llamaba "persona decente", mi abuelo Francisco (Francesco) era italiano, cuando se vino para Argentina compró muchas chacras, estancias, hectáreas y hectáreas de campos, fue una persona bastante conocida, además de ser italiano, estoy más que segura que era genial. Pero yo no llegué a conocerlo, murió cinco años antes de que yo nazca, y no me cabe duda que muy probablemente su esposa lo envenenó. Resignada, y del lado del fracaso, porque soy una total fracasada, me cambié y con mi mejor sonrisa, forzada, fui a tomar los colectivos que me llevarían hasta CERCA de la estancia de mi abuela. Mis papás no me esperaron, ni me despertaron, a veces me siento como “Mi pobre angelito”.
Llegué prácticamente a las 2:00 p.m, después de caminar bastante hasta la entrada, pero mis queridísimos parientes no habían almorzado aún, por suerte me esperaron. De lejos se podía oler el asado que hacía mi papá, se debería especializar en eso, sus asados son los mejores, y después de saludar a todos me instalé en la mesa grandísima, justo al lado de mi abuela, pero no fue a propósito, sino que no me había dado cuenta. Fracasada, ignorante y distraída ¡BINGO!.
Ella se sentó. Antes, obviamente pidió a todos que lo hagan, le encantaba la perfección. No entendí nunca porqué se ponía tacos y vestidos en su propia casa, pero bueno, mi mamá me decía que el que tenía dinero, lo debía disfrutar, y hacer lo que quisiera, lo cual no se daba en nosotros, pero no importaba en verdad. Lo que me llamó la atención, de nuevo, porque era algo que siempre me dejaba embobada, era un anillo, el anillo de compromiso de mi abuela, era tan hermoso, era hermosísimo, no podía creer que un pedazo de roca metálica con un diamantito insignificante me haga abrir tanto los ojos, ¡como lo deseaba!, de hecho, estaba decidida a tenerlo, lucharía por tener ese anillo, pero no era la única que lo quería, la discordia era entre mis cuatro hermanas también. Las cinco queríamos el anillo, valía mucho, sabía que ellas planearían venderlo, pero yo no. Jamás. Lo tendría como recuerdo de mi abuelo, ya que no tenía nada de él. Yo creo que mi abuelo era el hombre ideal, y sé que se lo dio con tanto amor a la vieja, por eso lo quería tener, lo consideraba como una caja llena de cariño, el cariño que mi abuelo le entregó en algún momento de su vida.
Vi a mi mamá lavar los platos muy plácidamente mientras tarareaba una canción, no recuerdo muy bien cual era, pero creo que se trataba de Pink Floyd, luego decía algo como"Getting lonely, getting old, can you feel me...?" Siempre la cantaba, en fin, decidí ayudarla, mientras los demás hacían una sobremesa, una LARGA sobremesa. Mi madre me hizo una pregunta, súper rara, jamás la pudiese haber respondido, ni siquiera ahora lo puedo hacer. Aunque a pesar de su rareza, fue simple:
-¿Sos feliz?- Me quedé helada, muda, petrificada, sin palabras, totalmente "Speechless". No respondí, miré hacia abajo y comencé a secar los platos. Nos quedamos calladas un rato, y después me dijo: "Ojala lo seas, hay cosas que no sabés, y de las cuales es mejor no hablar, pero viví el día a día al máximo, que ya es demasiado tarde". Se me hizo haber oído esa frase antes, y estuve totalmente de acuerdo, con mis catorce años no podía hacer nada más que dejar de preocuparme por problemas sin sentido, y vivir feliz. Era difícil pero se podía, creo. Me arregló el cabello y salió afuera, seguí secando platos, pero nada de eso cambió mi mentalidad que era CONSEGUIR EL MALDITO ANILLO.
4:00 p.m, todos en el patio, las mujeres tomando mate, y los hombres jugando al fútbol, yo mirando una revista en el living y mi abuela se bañaba. No recuerdo muy bien que pasó por mi cabeza en ese momento, no me acuerdo si era maldad, descontrol, ansiedad, ignorancia... la verdad no recuerdo, pero algo pasó por mi mente: ya que la vieja se bañaba ¿Por qué no tomar el anillo? Total podría escabullirme luego, y no dejar marcas, obviamente, ese momento lo había planeado durante TANTO tiempo, estaba segura de que mi abuela no se daría cuenta, es vieja, se olvida de todo. Lo hice. Escuchaba el ruido de la ducha, subí las escaleras, entre a su pieza, vi una especie de mano de mármol donde ponía sus anillos y sus pulseras, y ahí estaba, en el dedo anular de la mano artificial, el precioso, el magnífico anillo. Sin exagerar. Corriendo sigilosamente, esquivando las alfombras para no resbalar ni caer, lo tomé, me lo guardé en el bolsillo del pantalón y bajé como si nada, fui al patio a jugar al fútbol, pero solo arbitré, porque no debía correr ya que lo tenía en mi bolsillo y no quería que se caiga. Podía llegar a morir en el acto si lo perdía.
Llegó las 6:00 p.m cargamos la camioneta, y nos fuimos a casa. Esa furgoneta descontrolada. Yo sentía que mis hermanas presentían algo, o tal vez, solo eran los nervios del momento, da igual, me sentía como si hubiera robado un banco, como si hubiera secuestrado al presidente, como si fuera terrorista, pero saltando por dentro, todo el camino salté, mi emoción era inmune, hasta muy probablemente me sentía en el momento más feliz. Llegué a casa, y lo escondí en uno de los cajones de mi mesita de luz. Fue “El día perfecto”.
Ya miércoles, maldito miércoles. Volví de la escuela, agotada y con hambre, llegué hasta mi pieza, compartida, obviamente, y al darme cuenta que no había nadie, caminé hasta mi mesita de luz para ver si el amor de mi vida (hablo del anillo) estaba por allí. Abrí el primer cajón, saqué unos papeles que lo tapaban y lo vi, estaba intacto, perfecto. Una sonrisa malévola, y bajé a almorzar. En la mesa estaban solamente reunidos mis dos tíos, una de mis tías y mi mamá. Ni mis hermanas, ni mis primos ni mi padre, eso me pareció MUCHO más raro que todo lo anterior… Raro en exceso. Mi mamá, con la cara más extraviada que nunca, me daba la sensación de que hacía un esfuerzo sobrehumano para estar despierta, y los demás me vieron y prácticamente en coro me dijeron: “SENTATE”. Me senté en la cabecera de la mesa, no entendía nada, mi mamá me tomó de las manos y dijo:
-“Tu abuela murió, en la madrugada le agarró un paro cardíaco”- Tantas cosas que se me vinieron a la cabeza en ese momento ¿Murió la vieja? ¿La herencia? ¡Pobre mi abuela! Mi abuela estaba vieja, en cualquier momento iba a morir, ¡El anillo!... ¡¡¡EL ANILLO!!!. Por supuesto no dije nada, solté a mi mamá, fui arriba y me largué a llorar en mi cama, no sabía porqué lloraba, si era por tristeza, bronca, miedo, más probable que por miedo, mucho, mucho miedo. En ese instante recibí una llamada de mi hermana, la mayor, me dijo que la abuela se murió, que ellas estaban haciendo los trámites con mi papá, y me dijo en voz baja “Se robaron el anillo, las cinco somos miserables”. Mi abuela había muerto, no pensaba en el anillo, para nada, pensaba en ella, la pude haber odiado con todo mí ser, pero era mi abuela, la persona que le dio la vida a mi papá. No respondí ante mi hermana, corté el teléfono, bajé después de un baño, ya estaban todos un poco mejor en casa, saludé a mi mamá, la besé, y le dije que trataría de seguir su consejo, pero que necesitaba averiguar como vivir el día a día yo sola, tal vez fue una de las raras esferas bipolares y de desconcierto que suelo tener pero decidí ir a ver como quedó la casona de mi abuela, supuse que mis papás y tíos la venderían, el sentimiento de melancolía me llevaba a querer oler la vieja casa por última vez, más bien, era un sentimiento de remordimiento. Me carcomía la cabeza.
Después de tomarme dos colectivos, y caminar ese trecho hasta la entrada, ingresé a la casa por la ventana que estaba abierta, sin esperar subí corriendo hasta el que era el cuarto de mi abuela, vi todo perfecto, ordenado, lugar soñado, absoluta habitación de revista. Y empecé a revisar. Jamás lo había pensado, pero tal vez si juntaba un poco de coraje hubiese podido preguntarle a mi abuela, que fue de su esposo. Las imágenes no me decían nada, fotos viejas y horribles. Clásico, uno se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde, yo después de que perdí a mi abuela, me di cuenta de lo que quería, quería saber de mi abuelo, tan solo de él, no sé porqué ese afecto tan maduro hacia él, ni siquiera lo conocí, tal vez por eso, me intriga saber de las personas que no conozco, pero no soy ninguna especie de psicópata. Encontré, en uno de los cajones de su chifonier, una cajita de madera, perfectamente tallada, PERFECTA, la perfección en madera, con bordes rojos, y una llavecita pegada a su costado. Tomé la llave, la abrí y vi un papel amarillento, feo, parecía estar bañado de café, lo abrí, era una letra curiosa, una caligrafía de dioses. Una carta, la leí en voz baja, solté una lágrima, y con la mano en el corazón, me tiré al suelo a despabilarme en llanto, no lo podía creer, eran frases muy fuertes, jamás lo hubiese imaginado. Una carta de amor que le había escrito mi abuelo a mi abuela, tantas palabras hermosas, palabras que inimaginablemente saldrían de la boca de un hombre, no sabía que existían tantos sinónimos de “amor”, un poema firmado por Francisco. Y abajo, con otra letra que yo conocí sin duda, la de mi abuela, un pequeño párrafo que decía que ese anillo que le regaló mi abuelo fue el acto de amor más hermoso que alguien le pudo haber brindado, que ese anillo estaba lleno de historias, que era una caja de amor. TAL COMO YO ME LO IMAGINABA. Y la última frase “Se lo dejaré a mi pequeña, a la más chica de mis nietas, para que sea ella quien abra la caja de amor y lo divulgue. Que viva el día a día al máximo porque ya es demasiado tarde…”
Lo que empezó siendo una travesura, como robar el anillo costoso a mi abuela, terminó con algo totalmente significativo para mí ¿Será que en verdad quería saber de mi abuelo? Sí, era verdad porque era la persona que no conocí, la persona que imaginaba perfecta, por algo ya no existía. ¿Será que gracias a la muerte de mi abuela me di cuenta lo que es significativo? No sé, pero tal vez me di cuenta de lo que quiero, y voy a tratar de dar todo el amor que ese anillo tiene, porque un pedazo de roca metálica con un diamantito insignificante escondió muchas cosas, desde la pregunta luego de la canción de Pink Floyd, hasta el porqué de la muerte de mi abuela, tal vez, le dio un infarto el no haber encontrado su anillo, o tal vez se murió al saber que lo tenía, tal vez se murió feliz, pero no perfectamente feliz.
Por más cosas materiales que pueda uno tener, no va a conseguir la completa felicidad, y nada ni nadie es perfecto. Bueno, sí. El anillo…
"Getting lonely, getting old, can you feel me...?" - Pink Floyd / Hey you
Terrible historia, gran mensaje! (era este el post que quería comentar)
ResponderEliminar