Ya no se si confiar en mí,
ya ni al espejo me quiero ver.
Mutilando mis emociones,
quiero algo que me haga sentir.
En mi cabeza un abismo profundo,
dónde de un envión caen todas mis cualidades.
¿Qué importa el cerebro? ¿Qué importa el corazón?
No son facultades que me pueda adjudicar.
Porque importa la belleza, el dinero,
el poder y nada más.
Mil propuestas desechadas y otras mil sin proponer,
cabizbaja y audaz me permito andar.
Percibiendo la esencia de la gente, de su pobreza de mente.
De su pobreza espiritual.
Observando fijamente los caminos para saber cual elegir,
aunque no sepa a dónde ir.
Y un fantasma del pasado que quedó merodeando,
molestando e incitándome a no ver la realidad.
Pero al fin y al cabo es el único que me da felicidad.