lunes, 23 de febrero de 2015

Amistad.

Cambié. Hoy soy nueva. Vos no me viste crecer, ni yo a vos.
Hoy no sabés nada de mí, ni yo de vos. No me sabés.
Hoy ya río y lloro por cosas diferentes a las de antes.
Y vos no sabés por qué río ni por qué lloro.
Hoy soy menos inocente que antes y vos no sos consciente de eso.
Si me vieras hoy, estarías arrepentido de haberte ido.
Se que a veces un poco arrepentido estás e indirectamente me lo hacés saber.
Yo sigo lamentándome el haberte dejado ir hace dos años.
Te extraño cada día más. Jamás te olvido.
Río al recordarte. Lloro al recordarte.
Qué feliz me hiciste. Qué mucho me hiciste sufrir.
Entendí más que nunca el dejar ir a quien se ama, por su bienestar y felicidad.
Verte bien me alegró el corazón inmensamente.
Verme mal me destrozó.
Me construí de a poco.
Mi bondad no permitió que los demás me dejaran sola.
Sola me sentí. Sola no estoy.
Recuerdo esos cinco años que hiciste que me ahogue en carcajadas.
Hubo veces que me hiciste llorar pero jamás dejé que me vieras.
Amé que compartas cada cosa conmigo.
Amé aconsejarte.
Amé cuidarte.
Amé consolarte.
Amé ayudarte.
Amé compartir con vos.
Amé ser lo que siempre buscaste.
Amé que me hayas sabido entender.
Amé que no me hayas dado tu simpatía.
Amé no ver en vos las cosas que los demás me decían que viera.
Amé tu apoyo.
Amé tu sinceridad siempre.
Amé tu sentido del humor.
Amé escribirte historias.
Amé ser tu otra mitad.
Amé que fueras la mía.
Nada más que decirte por hoy, veré mañana.
Mejor amigo, voy a amarte para siempre.

martes, 10 de febrero de 2015

Vacaciones Permanentes.

Hoy me levanté con ganas de abrazar la tierra, tirarme hacia sí y sentir su esfericidad. Armar su forma con mi cuerpo y que me penetre su temperatura. Olerla fresca esplendorosa.
También con ganas de mirar el cielo siendo celeste grisáceo como él solo sabe serlo. Lleno de nubes que incitan a llegar hasta ellas, bañadas en un blanco descomunal y purificador, moviéndose rápidamente al compás del viento fresco que no me hace más que quererlo todo para mí.
Después de degustarlos, voltear y mirar el mar. Su inmensidad y colores de frescura y oxígeno. Todo bañado de sol destellando encandilantes lágrimas brillantes que queman de la manera más linda.
Mis ojos achinados con arruguitas a sus alrededores. Mi piel dorada, brillante, la cual soplo para sacar de ella los pequeños granos de arena y sal, está caliente. Me miro y respiro. No me hace falta nada más. Pero...
Pero, aunque nunca estoy sola, siempre estoy conmigo, algo me ha de faltar. Algo de eso que no tengo y quiero.
Podés venir, podés verme la piel y sentir el intenso mar conmigo. Podrías también cubrir mis ojos para que dejen de achinarse. Podrías verme siendo mi propia dueña, mi propio altar, y queriendo poseerme. Podrías hacerme reír un rato; mi pelo moreno movido por el viento y mi sonrisa se llevan bien. Te llevarías bien con ellos. También con mis pequeños senos tapados los cuales graciosamente ves, disimulando que no. Se que los querés tocar, podés hacerlo también. 
Entonces.
Te espero bien tranquila y consumada acá, tomate tu tiempo que tengo toda la eternidad.