domingo, 7 de junio de 2015

Manos.

Para S,


Por favor, no me dejes sin tus manos.
Nunca las toqué, pero las necesito.
En especial a las ásperas yemas de tus dedos, 
que al tantear no me hacen más que llevarme a volar.

Y vuelvo.

Y bajo un poquito hacia el centro,
donde están esas líneas largas que algunos dicen leer.
Que son ahuecadas, intensas y especiales.
No son especiales porque sean tuyas. Aunque un poquito, sí, es por eso.

Y bajo más.

Hasta la elevación que le sucede a tu dedo pulgar.
Esa parte gordita en la que logro ver tus venas, y las deseo.
Y observo bien apoyando mi nariz,
y suspiro en tus venas.

Y me mirás.

Pero yo sigo, y ahora hago que tus manos volteen.
Te las cierro y veo la punta de tus nudillos.
Los recorro y siento ternura y violencia.
Y me excito porque voy a llegar a mi parte favorita tuya.

Y las volteás de nuevo.

Y tomo tus muñecas. Ahuecadas y firmes.
Las hago mover y acompaño el movimiento con sonrisas.
Las recorro con mis yemas. Las presiono por si reaccionás.
Pero no reaccionás. Sos fuerte.

Te miro.

Enlazo mis dedos con los tuyos y nuestras palmas se juntan.
Y nuestras almas se juntan.
Siento tu calor y tu energía. Siento miedo y seguridad.
Y te repito que,
por favor, no me dejes sin tus manos.
Nunca las toqué, pero las necesito.





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