Para S,
Por favor, no me dejes sin tus manos.
Nunca las toqué, pero las necesito.
En especial a las ásperas yemas de tus dedos,
que al tantear no me hacen más que llevarme a volar.
Y vuelvo.
Y bajo un poquito hacia el centro,
donde están esas líneas largas que algunos dicen leer.
Que son ahuecadas, intensas y especiales.
No son especiales porque sean tuyas. Aunque un poquito, sí, es por eso.
Y bajo más.
Hasta la elevación que le sucede a tu dedo pulgar.
Esa parte gordita en la que logro ver tus venas, y las deseo.
Y observo bien apoyando mi nariz,
y suspiro en tus venas.
Y me mirás.
Pero yo sigo, y ahora hago que tus manos volteen.
Te las cierro y veo la punta de tus nudillos.
Los recorro y siento ternura y violencia.
Y me excito porque voy a llegar a mi parte favorita tuya.
Y las volteás de nuevo.
Y tomo tus muñecas. Ahuecadas y firmes.
Las hago mover y acompaño el movimiento con sonrisas.
Las recorro con mis yemas. Las presiono por si reaccionás.
Pero no reaccionás. Sos fuerte.
Te miro.
Enlazo mis dedos con los tuyos y nuestras palmas se juntan.
Y nuestras almas se juntan.
Siento tu calor y tu energía. Siento miedo y seguridad.
Y te repito que,
por favor, no me dejes sin tus manos.
Nunca las toqué, pero las necesito.
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