domingo, 8 de mayo de 2016

Prosa para Agustín II: Noches de canciones

Guadalupe se destacaba por sus buenas ideas. Frecuentemente se le prendía la lamparita. Agustín la seguía, es que ella lo atrapaba persuadiéndolo. Ella sería una muy buena comerciante. Pero su audacia convenciendo no viene al caso, aunque sí una de sus ideas. Una brillante, que no van a dejar de rememorar.
Un día salieron a andar en bici, como todos los martes. Iban a la par, ninguno más rápido o lento que el otro. Sólo hacían una fila india cuando el camino era muy estrecho o debían esquivar algún bache de la calle de tierra. Siempre tomaban la misma calle, por la cual rara vez cruzaba algún coche. Se dirigían al parque, llevaban su jugo y sus galletitas. Él un libro y ella una almohadita, es que siempre se dormía. 
Llegaron y acomodaron las bicicletas sobre su árbol favorito, y bajo la sombra del mismo tendieron una mantita amarillenta -era blanca- con puntitos rosados. Lo hicieron juntos, cada uno agarraba dos extremos de la sábana, y se miraban mientras la colocaban sobre el verdechillón pasto. Él se sentaba como siempre, cruzando las piernas, y sin decir nada, la invitaba a que se recueste junto con su almohada para descansar un poco mientras él disfrutaba de su lectura. Así lo hicieron.
Él, de vez en cuando, quitaba la mirada de su libro para verla dormir, pero éste día, todas las veces que la vio queriendo verla dormir, la vio despierta. Guadalupe refunfuñaba y viraba su cuerpo buscando alguna posición cómoda, pero en realidad lo que no arribaba era el sueño. Agustín apartó su libro, pues no era más importante que su amada, y le preguntó qué le pasaba. A lo que ella contestó "estoy aburrida". Él se sorprendió. Pero si siempre hacían lo mismo y siempre disfrutaban hacerlo, es más, cada vez disfrutaban más. "Si, pero estoy aburrida igual", volvió a clamar Guadalupe. 
Agustín no sabía muy bien qué proponerle, porque ella no era muy simple, y mucho menos conformista. Si pensaba proponerle algo debía ser algo deslumbrante, para nada convencional, mejor aún si nunca antes fue propuesto en la historia de la humanidad. Así de difícil era ella, o tal vez demasiado simple. Él la amaba tanto que encontraba ternura en los sollozos quejosos de su novia; mientras ella, pensaba. Hacía fuerza con sus neuronitas, es que no podía seguir así de aburrida, debía urgentemente encontrar algo que la hiciera desaburrirse, pero a su vez que pueda disfrutar junto con su amado. 
Guadalupe ya estaba casi al borde de las lágrimas por no poder encontrar alguna alternativa para salir del aburrimiento de la siesta del martes primaveral bajo el árbol que hacía tres meses venía viendo semanalmente. Agustín la abrazaba y la consolaba, es que ella era un poco fatalista, y el simplemente no podía dejar de morirse de amor. Pero llegó. Sí. Llegó la idea. Arribó como una descarga eléctrica a su cabecita. Ella dio un salto y se retiró de las piernas de Agustín. Lo miró fijo, con una sonrisa de oreja a oreja, con la boca muequeando como si fuese a decir algo pero sin poder maniobrar bien los labios para que las palabras salgan ordenadamente y formen parte de frases coherentes.
Él le dijo "decime", y ella respondió: "Tengo una idea, se llama "noches de canciones". Más que una idea es un compromiso, es un pacto. Tenemos que tomarlo con seriedad, porque sería eso una demostración de amor muy grande. Se trata de regalarnos una hermosa canción todas las noches sin falta. La que queramos, la que pensemos que mejor describe al otro, o nos identifica frente al otro". 
Agustín reía porque la idea le parecía fascinante y graciosa, ¿cómo pudo ser que una personita haya tenido semejante pensamiento de amor?. Y ¿saben qué?, él aceptó. Cuando Guadalupe vio a su novio asentir con la cabeza, volvió a darle la espalda y lentamente volvió a recostarse en sus piernas. No pasaron más de tres minutos y ella durmió profundamente. Él, aún dentro de una grata sorpresa, agarró su libro y continuó leyéndolo. Obviamente, a cada ratito despegaba sus ojos del libro para ver que Guadalupe esté durmiendo en paz. 
Hoy hace dos meses que se mandan una canción todas las noches, y no fallaron ni un solo día, porque es un compromiso que se lo tomaron en serio. ¿Existe acto de amor más puro? Buscar la canción para el otro y esperar con ansias la canción que uno iba a recibir. Las "noches de canciones" los hicieron unirse aún más; las palabras siempre alcanzaron (aunque a veces era difícil encontrarlas), pero una hermosa canción por día no hacía más que llenarles el corazón. 
Casi seis meses de novios, casi seis meses que vienen teniendo el mejor momento de sus vidas. ¿Qué vendrá después? ¿Alguna nueva idea? Nadie sabe, ni ellos siquiera. Lo que sí saben ellos, y sabemos todos, es que su amor, tan sano y sincero, nunca jamás dejará de crecer.

La primera canción que Guadalupe le regaló a Agustín fue "I like you" de Morrissey, y la primera que él le dio a ella fue "Dreams" de The Cranberries 





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