lunes, 27 de octubre de 2014

Canción del adiós.

He descubierto un mundo nuevo.
El sosiego de tu expresión facial, tu quietud natural, lo increíble de tu paz, tu cruel tranquilidad, tu juzgadora mirada, y demás facultades que te adjudico, las cuales me tomaron menos de dos minutos descubrir que tenías. No se con exactitud cuánto tiempo habremos estado juntos, y no hablo de juntos sólo los dos, sino en un mismo espacio, compartiendo palabras, a veces miradas, indirecteándonos (por lo menos por mi parte fue así), viéndote y vos mirándome. Me gusta creer que cuando me mirabas era adrede, y no simplemente el correr de tu vista que justo se detenía en mi latitud. Me gustaba pensar que tus pupilas, intencionalmente, descansaban en mí. Me hace sentir bien.
Qué desafiante me resultaste. Lo peor es que creo que todo fue sin querer. El verte por poco tiempo de cerca me permitió soslayar cualquier posible escándalo mental en los cuales con frecuencia me veo involucrada. Sustituiste por un momento todo eso que me hace falta.
Qué desafiante tu sosa forma de ser, que no se qué ha de tener, pero de un instante a otro, me volvió loca.

Me iré sin saludar.
Al parecer no te gusta el amor. De no ser así, deduzco que te gusta el amor de una manera muy loca que sólo vos conocés, de ese que te envicia, que te enamora hasta los huesos, de ese que duele y a la vez ayuda, de ese que nadie puede darte y buscás en otra parte y en otras cosas. Decidí no saludarte y hablarte sólo poco, palabras que no eran mías, sin ser fina, rozando la ordinariedad. Quise pretender ser algo que no era para impresionarte, cuando fui más yo que nunca, y en vez de impresionarte, impresioné a los demás, quienes creían conocerme y se encontraban con demasiada información junta y actuada de mí. Vos no dijiste nada, sólo bajabas la mirada. Vos me sabías y me conocías, sin saberme o conocerme. Algún chiste habré hecho, en una que otra ocasión te habré hecho reír, con alguna u otra frase me habré ganado tu confianza. 
No entiendo cómo no te conocí antes, cómo no apareciste en mi vida desde hace tiempo. Me miro al espejo y mis iris tienen el mediocre color del amor, de ese que no puedo tener.
Y no te dije "adiós", ni "hasta luego", sólo un "chau" comprometido. Lo que hubiera dado por un beso en cada mejilla, por una despedida un poco más digna, por un adiós que haya podido disfrutar. Durante el camino a casa quedaste latiendo en mi consciente.

La vida sigue.
Así es, pasaron los días, cinco para ser más precisa. La verdad que no pensaba en vos, para nada, me encontraba tan prendida a mi cotidianidad que me percataba de que tu presencia podía estar próxima a la mía. Caminando y girando con el aire, distraída como siempre, pero ésta vez como nunca, me crucé con tu andar. Mis sentidos quedaron absueltos y dilatados, ya perdiéndose en los átomos de tu mirada que llegaban hasta mí. Caminaste fijo y sin parar, también sin mirarme. Tu abúlica forma de ser te permitió largar un "hola" que contesté con otro similar. Me hubieses dejado mirarte un ratito más, disfruto hacerlo. Qué absurda manera de quererse. Sos todo sin razón.

¿Qué nos deparará?
Subí las escaleras pensándote, y después te pensé un poco más. Te sigo pensando ahora y sé que más tarde voy a volverte a pensar. ¿Será que algún día me vas a pasar?


Attaque 77 - Canción del Adiós:


domingo, 5 de octubre de 2014

Hasta el sol.

Con el sol las canciones no son tristes
y las lágrimas se vuelven cristal.
Dejame que te diga lo mal que hiciste
en olvidarte de lo que te hace olvidar.
Por favor no me corrijas,
que al igual que vos, me tengo que equivocar.
No comprendo, dejame consumirme,
adolecer en paz, poder sufrir en paz.

Es asombroso como tendés a auto-abrazarte
y usás tu propio hombro para echarte a llorar.
No tengo miedo, si hubo un pasado mejor,
ya que el presente no existe, un futuro lindo vendrá.

Y acordate que si de ser o no ser hablamos,
no levantes el meñique para tomar cerveza,
que si de orina se derribó un puente,
cualquier palabra puede hacerte llorar.

Metamos excusas en éste mar de lágrimas,
siempre hay algo con qué excusar la felicidad.
Comámonos el mundo, volemos alto,
deseos dorados, nadie nos podrá bajar.

Y lleguemos al sol con el cual las canciones no son tristes y las lágrimas se vuelven cristal.

viernes, 3 de octubre de 2014

La misma vieja historia vieja.

Te vi de nuevo. Bueno, en realidad tu foto, esa última que te sacaste. No puedo creer que después de varios meses siga hablando sobre vos y pensando en vos, no se porqué le doy tanta entidad a ésta nada que nos une, pero sí, me encuentro sin palabras frente tu foto nuevamente. 
Estoy hasta las manos, no me importa ser reiterativa. Nombraría tus cualidades cientos de veces consecutivas, sólo para que quien lea ésto sepa de lo que se pierde, de lo que no tuvo y lo que tuve yo alguna vez. Y que eso me haga pensar que, aunque sea una mentira gigantesca, ese alguien leyendo sienta cierta envidia hacia mí, que piense que me gané algo grandioso y eso me hace superior. Aunque no es así. Ese alguien ahora leyendo podría estar o pudo haber estado en situaciones mucho mejores y dignas de contar, de paso, riéndose a carcajadas ahogadas de ésto que cuento, de mi desamor. Pero no me importa, voy a pensar que las cosas son como yo quiero que sean, me voy a auto-dar el gusto, porque nadie más lo va a hacer. 
Me explayé demasiado con cosas que no interesan. 
Y sigo viendo tu foto. 
Algo me atrae, algo me inquieta. 
Me atrae tu sonrisa, es la más linda. Esos hoyuelos, esa barba, esa nariz, esos lunares, esos rasgos faciales que te hacen defectuosamente hermoso. Esa simpatía. Ese todo vos que logro ver, porque tu esencia que ya conocí, me permite saber que en ese lugar en el que te encontrabas fotografiándote, estabas muy feliz. Lo veo en tus ojos, aunque los lentes de sol los cubran. Pero lo veo, te veo feliz hoy, y eso me hace bien. 
Pero también está lo que me inquieta, que es ella, la puedo ver en la foto también. Corona la imagen con una sonrisa, que creo es el motivo de la tuya. Tan segura ella, tomándote del hombro, riendo pícara, pensando que junto a vos no existe momento en el cual no esté feliz.
Dichoso el sol que iluminó sus rostros y les permitió tomarse esa fotografía para inmortalizar ese feliz momento, porque me juego la cabeza que así fue, que estaban viviendo. Dichoso su cuerpo que es rodeado por el tuyo. Dichosa ella, el bien que debés estar haciéndole. 
Yo estoy muy bien, sí, solo que a veces miro fotos. 
Ya casi no pienso en vos, no mutilo mis emociones, solo que a veces miro fotos. 
Y perdón si a veces miro tus fotos. Y no me pidas perdón vos a mí, ya no lo pidas más, no me sirve perdonarte por el mal que creés me hiciste. Nada por perdonar. 
No hiciste más que hacerme bien. Gracias.