Así son las cosas, amargas, borrosas...
Escuchaba a Gustavo entonar las líneas de "El Mareo" mientras miraba su café enfriarse y con su cuchara golpeaba el platito goteado. Miraba su reloj y suspiraba. El mozo le hacía una mueca de "¿seguís esperando?" con las cejas, y él bajando un poco la mirada y el mentón le contestaba que sí. E iba a esperar lo que tenga que ser. Lo que ella tenía que tardar.
Un par de minutos más que se hicieron eternos. Hasta que por fin vio que Guadalupe entraba al bar. Despampanante ella, como siempre, por supuesto. De frente alta y sonrisa chocante, incluso un poco más que de costumbre. Ni siquiera lo besó y se sentó, para con su sonrisa y su mirada captar su atención.
-Tengo que contarte algo- dijo ella.
-No puedo creer que estés tan así. No puedo creer que seas tan desinteresada Guadalupe-
-Pero pará, si no me escuchaste, ésto es algo bueno-
-Pero no, no me importa, necesito que te calmes, necesito que nos calmemos los dos, no podemos seguir así-
-¿Vas a seguir con cara de orto toda la tarde o me vas a escuchar?-
-Ésta vez me vas a escuchar vos Guadalupe-
-Bueno, te escucho- Dijo Guadalupe, ya apoyada por el respaldo de la silla, ya sin la sonrisa con la que entró, distendida.
-Mirá nena, no se qué te pensás, pensé que eras madura pero sos una pendeja desinteresada. Realmente no tenés en cuenta el esfuerzo de los demás, o por lo menos el mío. No pensás en lo que los demás sienten. Tan temperamental siempre. No seas estúpida por favor, tenés 18 años Guadalupe. Pensé que no eras como las de tu edad, por eso te elegí, pero me demostraste lo contrario-
-No me hables así- Dijo ella, muy enojada y escupiendo mientras enfatizaba su puteada -No me hablas así, pelotudo. Tendré 18 años pero aún así soy más madura que vos que con 27 te andás drogando por ahí. Y yo me la banco, y no soy desinteresada, sólo que últimamente me ando ocupando de otras cosas, últimamente ando pensando más en mí-
-Sí Guadalupe pero las cosas no son así, noto en vos ahora una desconsideración hacia mí, boluda, ¡hasta te pedí que vivamos juntos!-
-¡Yo te dije que sí!-
-Me arrepiento Guadalupe, ya no quiero-
Guadalupe ya tenía los ojos vidriosos. Cuando él terminó su frase, basto un parpadeo lento para largar las espesas lágrimas. El mentón de Guadalupe se movía, se resentía quisquillosa.
Ya un poco más calmada le dijo: -Te banqué, desde que me vine a vivir para acá y que nos vemos te banqué, vos fuiste el que primero no quería etiquetar la relación, vos fuiste el que sólo quería que nos veamos a escondidas y para coger. Me banqué eso, y vos sabías que sentía por vos muchas cosas, pero no me dejabas decírtelas. Siempre esperé que fuera recíproco, y para cuando empezó a serlo yo me cansé un poco. Te dije que si cuando me dijiste que vivamos juntos, porque pensé que de esa manera volvería a sentir todas las cosas que en un primer momento sentí por vos- ... -Aún así, sigo sintiendo mucho por vos-
-Yo ya no se ni lo que siento Guada- Le dijo a Guadalupe corriendo su mirada hacia la ventana. No la podía ver llorar.
Guadalupe se secó las lágrimas y pidió un vaso de agua. Se había calmado pero aún sentía en su nariz ese cosquilleo previo al llanto desconsolado.
Él la miraba, y se lamentaba haberla hecho llorar. Él estaba cansado, no se sentía querido. Sabía que a Guadalupe no podía exigirle nada porque era muy joven, pero él quería amor, y ella era el combo de cosas que más le gustaban. Inclusive las cosas malas más buenas, las tenía Guadalupe.
-No se si quiero que nos sigamos viendo Guada. Soy más grande y no puedo pretender tanto de tu parte, me cuesta pero lo entiendo y tiene que ser así-
-Pensalo bien, si vas a dejarme-
-Ya lo pensé. No me gusta pasar días sin saber de vos, no me gusta que a veces me trates a tu antojo, no me gusta que no me correspondas últimamente-
-Tenés razón. Pido perdón, por haber pensado un poco más en mí y no tanto en nosotros-
-Bueno, ya está-
-La semana pasada estuve haciéndome estudios médicos, por eso anduve un poco perdida-
-Pudiste habérmelo contado-
-No quería decir nada por las dudas, no sabía nada-
-¿Pero estás bien?-
-Estoy excelente, mejor que nunca. Éste debe ser el mejor momento de mi vida y se vienen momentos mucho mejores, estoy tranquila-
-¿El mejor momento de tu vida? ¿Por qué? ¿Porque te estoy dejando?-
-No, porque estoy embarazada de vos-
Guadalupe suspiró y no lo miró. Él, por poco se petrifica.
-¿Qué decís Guadalupe?-
-Si, estoy embarazada, tuve un atraso y me hice un test, me dio positivo. Casi me muero. No quería hablarte, estaba como enojada-
-Guada...-
-Y entonces comencé a hacerme estudios, y si, estoy embarazada de ocho semanas. Ya estoy más calmada, noches atrás estuve pensando y, es algo bueno ésto que se viene, voy a ser mamá de un hijo tuyo, eso es lo mejor para mí-
-¿O sea que voy a ser papá?- Dijo él, y una pequeña sonrisa comenzaba a figurarse en su rostro.
-Eventualmente- Y ella sonrió.
Guadalupe volvió la mirada hacia él y vio en sus ojos ya otro sentimiento. Ya se había ido la furia, ya se había ido el rencor. Vino la dulzura y compasión. Guadalupe nuevamente brilló para él, nuevamente volvió a ser su mundo, volvió a serlo todo. Ella tomó sus manos, él seguía frío. Ella le dio calor.
-Era la buena noticia que quería darte. Yo voy a seguir adelante con ésto, porque puedo, y me encantaría que me acompañes-
-Obvio que sí, mi amor. Te amo-
-Te amo-
Y se consumaron en el abrazo eterno de las almas, que acompañaron con el beso de la gloria inmaterial. Se degustaron mutuamente a miradas profundas. Él tocó su vientre y Guadalupe rió. Y un abrazo más para ir, nuevamente juntos, y mucho más felices, en busca de alguna casa que sería dichosa de convertirse en su hogar.
Y jamás volvió a enfriarse algún otro café.
Y si es que el tiempo existe yo quiero compartirlo.
Y si todo es una foto, yo quiero estar al lado tuyo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario