martes, 15 de diciembre de 2015

Blanco y gris.

Y fue en un segundo, en un ahogo, que te robaste mi alma. Así, de la manera más ficticia que alguien pueda imaginar, me dejaste sin nada. Tirada y desnuda en mi cama. Deseando estar muerta. O que estés muerto vos. Pero más muerta yo. Llorando mares. Escupiendo sangre. Jadeando. Agarrando las sábanas fuerte con mis puños cerrados y mis nudillos pelados de tanto golpear la pared. Arrancándome los cabellos con todas mis fuerzas, total nada seria más doloroso que lo que vos me hiciste. Sufrí hasta quedarme dormida.

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