Esto lo escribí hace ya mucho tiempo, bueno, estamos hablando de un año, o algunos meses atrás, en fin, no ando bien, las cosas no están calzando pollo, ni para mi, ni para las personas que mas quiero. Muchas veces en la vida las cosas pasan sin razón y nos sentimos culpables, pero verdaderamente no lo somos, sino que somos infinitamente poderosos como para poder solucionar grandes cosas. Cosas que creemos que no tienen solución. Pero nunca debe faltar el amor en nuestros actos, si hacemos algo bueno por otra persona, es porque lo amamos y queremos lo mejor para el/ella, si hacemos algo bueno por nosotros, aún mejor porque quiere decir que nos amamos. Amor por todas partes, está bien.
Mi corazón y mi alma, por siempre, van a estar junto a vos, acompañándote en cada momento de tu vida.
Y a veces, por más que cueste, es mejor no dar palabras, no hacer ruido, poder escuchar el silencio.
Espero que les guste.
Castaway♪
Per M, la mia Bleached girl.
Capitulo 1:
Mi madre me había llevado al hospital, que la acompañe a buscar unos papeles de la obra social, me hizo caminar veintisiete calles para llegar, con la excusa de que si tomábamos un taxi, el humo que larga este, perjudica al medio ambiente, en fin, llegué prácticamente deshidratada.
Entramos, y el clásico aroma a quirófano, las drogas mezcladas, y no se podía caminar sin chocarse con camillas de sábanas blancas manchadas, era verdaderamente asqueroso. Repugnante.
La mujer me dijo que aguarde en la sala de espera, ella terminaría la odisea hasta llegar a la recepción donde rescataría los preciados papeles.
No soy una persona cerrada, pero no me cae bien nadie, me dijo una vez mi tía, la cual veía una vez al año, cuando viajábamos al pueblo de Seneca (Sí, Seneca Falls. Quedaba a 18 horas por vía terrestre desde mi casa) en su cumpleaños, pero igual no me afectaba, no tiendo a extrañar a los parientes. El caso es que me ocurrió algo similar, había una sala, una pequeñísima sala de prácticamente tres metros cuadrados, llena de mujeres con pañuelos en la cabeza, algunas que se creían Lady Gaga, con pelucas exóticas, y un niño, muy flaquito y pelado por cierto, que me convidó un poco de agua que tenía en una botellita. Él me preguntó si quería, y no me pude negar ya que moría de sed. Algo me llamó la atención en él, como un sentimiento de amor, ternura, desprecio, confusión, racismo, y esas puras raras esferas sentimentales que suelo tener a veces. Su madre lo retó porque había tratado con una extraña, o sea yo, al ofrecerme agua. Ella no lucía bien, tenía unas ojeras muy grandes, parecía que no había dormido por largas semanas, una mirada agotadora, fija, ojos negros, no podía mantenerse derecha, y una voz ya casi sin intensidad, que de todas formas pudo dar un fuerte grito al niño junto con una palmada en la espalda. Ver al pequeño sufrir y llorar con su flacura y desfachatez me causaron nauseas, no quería estar allí, pero quedé callada, como tal traicionera de él, y cobarde.
Gracias al cielo vi a mi mamá volver por el angosto y oscuro pasillo del que provenía un horrible olor a comida de hospital, era señal de que ya nos íbamos, por suerte. Rápidamente me tomó de la mano, como si hubiera hecho algo malo y me arrastró hasta la salida, no pude despedirme del niño, ni siquiera saber su nombre, ni siquiera decirle gracias. Solo me quedé con su botella cargada por la mitad, la cual mi juzgadora madre me hizo tirar a la salida. Fue muy raro y rápido, mi mamá salió con la cara más extraviada que nunca, los ojos parecían perdidos en una nebulosa y me daba la impresión de que hacía un esfuerzo sobrehumano para concentrarse en caminar. No pregunté nada, nunca pregunto, no es que no me importe, sino que, se vuelve a recalcar mi cobardía y falta de madurez. Caminé callada, otras veintisiete calles más, no me correspondía emitir sonido, pues no me convenía.
Mi madre, se llama Olivia, una mujer de unos cuarenta y siete años, se podría decir amadora de la vida, del medio ambiente, adherida a cualquier tipo de política radical, defensora de los pobres, problemática, sarcástica, y dueña de una tienda de repostería, o se podría decir de una panadería. Pensar que con eso se gana la vida, con eso nos mantiene a ambas, la verdad no tengo idea como hace, como paga todo.
Me tuvo a mí hace diecinueve años, diecinueve largos y fríos años; años anormales, demasiados adjetivos calificativos para ellos. Hubiesen sido diferente con la presencia de algunas personas, o ausencia de otras, pero a pesar de todo el vacío que sé que hay en mí, hay tres personas que hacen que pueda seguir luchando cada día, conste que no las conozco personalmente, las he visto una vez, y fue el mejor día de toda mi vida, no hablo de parientes, de amigos, ni de nadie cercano, solo de la razón de mi existir.
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