miércoles, 6 de junio de 2012

Drums and Drumsticks

Para F.A.M...

Capítulo 1:


Finalmente lo había conseguido. Tenía todo, ni un centavo más, ni un centavo menos. Los ahorros de 10 años de mi vida. ¡10! Bueno, en realidad de 9 años porque faltaban algunos meses para que cumpla los 16. Pero valió la pena todo el esfuerzo que hice. Desde los pastelitos que frité hasta los pollos que cociné con mi papá en las parrillas y los vendí. El esfuerzo de mis familiares, de mis amigos, que también son familia. De mis vecinos. TODO. Todo valió la pena. La caradurez de guitarrear en la peatonal por unas monedas. Todo, todo sirvió para poder llegar a los $11.500 que tenía, los cuales me harían llegar a mis baquetas de madera y mis tambores esperando por ser golpeados.
Hacían ya 10 años (Bueno, 9 y algunos meses) que había decidido lo que en verdad quería hacer, no era probar si me iba a gustar, tampoco por un trabajo, por formar una banda, por ser famoso... NO. Era por placer, por pura satisfacción. Era lo que estaba en mi ser, y tenía que animarme a ser. Tenía 6 años y medio aproximadamente cuando, por primera vez en mi vida, toqué una batería. Fueron orgasmos infinitos los que tuve al golpear los tambores, una, y otra, y otra, y otra vez. Y cada vez más fuerte, descargando mi ira, mi felicidad, mi todo que había acumulado durante 6 añitos. Obviamente lo hice mal, era la primera vez, no fue como le pasó a Bart jajaja. No, no era una niño con suerte, creo que lo mejor que me pasó fue encontrar $0,25 centavos en lo que va de mi vida. Y eso que ahora tengo 26. En fin, a partir de ese momento, le pedí a mi papá que por favor me lleve a estudiar eso, o algo similar. Averiguamos en muchos institutos, pero lamentablemente, todos eran privados, y en sí, no enseñaban batería, sino que percusión. Tal vez si me servía, pero no quería, y no iba a hacer que mi papá pague en vano. No éramos pobres, pero tampoco ricos, digamos que vivíamos bien, normalmente, mi papá era pediatra, trabajaba en el hospital, no cobraba mal, pero tampoco cobraba bien, sino que cobraba normal. Mi mamá era docente, trabaja en una escuela MUY humilde, no cobraba mal, el gobierno pagaba muy bien a los docentes de esos barrios humildes, pero tampoco cobraba bien, sino que cobraba normal. Éramos muy normales. Y eso era lo que yo no quería, ser normal. Siempre odié la rutina, siempre odié la normalidad, odié seguir reglas, odié muchas cosas en mi vida que estaba dispuesto a cambiar. Me dispuse, con 6 años a ahorrar lo que fuese necesario para poder comprar mi propia batería, haría lo que sea, y obviamente estaba dispuesto a que me ayuden, nunca viene mal una ayuda. El primer año fueron unos cuantos pesos en una lata de Hot Wheels, el segundo año, cuando ya tenía 8, eran billetes para mi cumpleaños, y así, en los 25 de mayo de todos los años desde ese entonces hacíamos con mi mamá empanadas y fritábamos pastelitos, los vendía a buen precio, y como era chico, un niño, la gente no dudaba en comprármelos. Luego, mi papá tuvo la idea de que hagamos pollos a la parrilla, tuvo mucho éxito. Lo hacíamos cada 2 meses, gané bastante con eso. Recuerdo que durando esos 10 años, cada cumpleaños o 31 de diciembre contaba el dinero que ya tenía ahorrado, pero nada, tenía, pero no llegaba. Eso me deprimía y me daban ganas de golpear todo. Y tamboreaba todo lo que podía tocar, y recordaba. Recordaba que quería tamborear, romperme los nudillos apretando las baquetas para poder hacer sonar los tambores. Tambores malditos. Sabía que si para ese cumpleaños no había juntado lo suficiente, no importaba, yo iba a seguir. Y así fue, seguí. Día tras días. Semana tras semana. MES TRAS MES. AÑO TRAS AÑO. Me dormía pensando en eso. Me levantaba pensando en eso. Me volvía loco. Ahora estoy loco del todo.


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