lunes, 26 de mayo de 2014

Alma de Diamante

Qué raro yo invocando nuevamente a Spinetta. Qué raro él haciéndome sentir tanto.
En ésta mañana fría de mayo, me encuentro escuchando Spinetta Jade, sobreviviendo a mis duelos sentimentales, que, lastimosamente, me tocó vivirlos todos juntos. 
Es raro, (no voy a dejar de decir que es raro aunque sea lo más común del mundo). Ayer, es raro, pero estuve bien prácticamente todo el día. Digo prácticamente porque tuve mis decaídas, pero, es raro, porque después del drástico suceso del sábado a la noche, el domingo me sentí bien. Para qué. ¿PARA QUÉ?. Para hoy despertarme procurando no ahogarme en los océanos de incertidumbre que me creo a veces. Son océanos exclusivos para mí, donde estoy yo solita, sin nadie que me moleste, pero sin nadie que me ayude. ¿Mi salvavidas a dónde se fue?. 
Me levanté teniendo un pensamiento en particular, una idea aparente. Me dije que no voy a pensar en eso pero al estar pensando en no pensar en eso inconscientemente estoy pensando en eso, porque, en realidad, sólo en eso quiero pensar. Pero no quiero pensarlo para destruirme por dentro, sino para remediarlo, aunque no esté en mis posibilidades.
Me tocó vivir relaciones cortísimas y no tan significativas de las cuales, no salí triunfando, pero tampoco salí del todo mal.
Es raro.
Me pasa ahora, el acto significativo más reciente de mi vida, es que tal vez se esté terminando una relación realmente significativa, la cual me exprimió bastante. Tanto, que ni siquiera le veo el sentido a llorar. Tal vez me quedé sin lágrimas. Pero sé con certeza que me quedé sin sentir.
No se si es bueno o malo, lo que se es que es raro, pero sigo manteniendo una relación aunque no es sentimental con ésta persona que tuvo la frialdad de decirme las cosas como son para él, sin temor a romper mi corazón, sin temor a que deje de sentir, como está pasándome, pidiéndome perdón después y agradeciéndome por todo lo que le brindé. Claro, el que ya se encuentra ajeno a la reciprocidad sentimental en una relación no tiene problemas en hacer mierda al otro, y después pedir disculpas y agradecer. Sin embargo, los que recibimos la estaca en el pecho, perdonamos. No por ser estúpidos ni actuar sin pensar, sino por el simple hecho de que nos encontramos tan vulnerables después de haber perdido todo que no es todo sino lo que más queríamos, que no nos importaría perdonar. ¿Qué estaríamos perdiendo al perdonar? Nada. ¿Qué estaríamos perdiendo al seguir esperanzados, al pensar que esa persona puede cambiar de opinión y volver con nosotros? Nada tampoco, porque eso puede pasar, o tal vez no, pero nos gusta pensarlo. 
Un Alma de Diamante que tuve la suerte de conocer me robó las ganas de vivir. No digo que voy a quitarme la vida porque vivir, quiero seguir viviendo, así que reformulo la frase: Un Alma de Diamante que tuve la suerte de conocer me robó las ganas de sentir. 
No se para qué, porque él no las necesitaba, el tenía suficiente. Tal vez lo hizo inconscientemente. 
Éste escrito no habla de Spinetta, sino que, nuevamente lo invoco para memorizar lo que sentí el sábado, en el momento del impacto. Ya que entonó mis momentos, o nuestros momentos, o nuestros sentimientos.
Por el simple hecho de que siempre lo consideré con Alma de Diamante. Es más importante y valioso que cualquier otra cosa que hoy podría tener. 
Permiso, voy a seguir en mi duelo, tranquila. Las palabras de aliento se las voy a agradecer mucho. Y voy a seguir escuchando canciones tristes. 

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