Dando vueltas en mi fría cama, me propuse a escribir
todo lo que recordaba, lo que alguna vez sentí.
Si mi sangre ya está sana, ¿quien es quien para juzgarme?.
Mis pecados de la carne y de grasa abdominal,
sopa de buenos deseos y abstinencia cerebral.
Particular belleza que irradia el sabio.
Me agarró y me llevó a dónde me pude encontrar.
Parecía el paraíso pero era aún mejor,
lleno de perritos batatas corriendo por todo el lugar.
Y llovían milanesas y nadábamos en cerveza,
prendimos motores, nada nos podía parar.
Carne barata, droga legal,
un averno celestial, paraíso infernal.
Las adjudicaciones correctas, facultades a quienes debían ser
la masturbación para el joven, la audacia para el cobarde,
el juicio para el insensato, la sabiduría para el ignorante.
Cigarrillos y café, infinitos y eternos.
El festín inolvidable que ya no quiero recordar,
y cuando se detuvo el mundo, tuve que despertar.
Y llovían milanesas y nadábamos en cerveza,
prendimos motores, nada nos podía parar.
Carne barata, droga legal,
un averno celestial, paraíso infernal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario