domingo, 30 de noviembre de 2014

Los sueños agridulces I.

Los sueños agridulces.

Para Ciro...

Bostecé veinte veces consecutivas en menos de quince minutos. Giré mi cuello para ambos lados hasta escuchar el "crac" de mi contractura. No soportaba el dolor de cadera y mis pies ya no aguantaban un minuto más mi peso. Miré el reloj por enésima vez, me quedaban aún treinta minutos en la tornería. Me puse tapones auditivos en los oídos y continué mi trabajo.
Volví a mirar el reloj. Dos minutos para las nueve de la noche. Ya no aguanté más, dejé todo como estaba y me saqué el traje de trabajo, me aseé un poco, me puse ropa limpia y marqué la tarjeta para ya irme a la mierda. No quería ver metal ni escuchar algún ruido similar al del torno, por lo menos, hasta el lunes. Saludé a mis compañeros y me fui.
Noche de viernes. Calle rápida y agitada. Demasiada gente para mi gusto y para mi mala suerte. Fui lo más rápido que pude hasta la estación de trenes, pero estaba realmente cansado, las zapatillas me mataban y me quedaba un largo camino aún hasta casa. 
Entre choques y puteadas con los demás llegué a la estación y advertí que el tren de las nueve y media estaba cancelado. Me había pasado antes, ésto de que me cancelen los trenes, pero tenía muchísimas ganas de ya subirme y destinarme a tomar el colectivo que por fin me deje medianamente cerca de casa. Me senté en un banco a esperar media hora más. Observé.
Vi gente apurada y gente tranquila, que quizá más que tranquila estaba resignada a la diaria cancelación de algunos trenes. Resignada a que no iba a llegar a tiempo a casa, o quizás algunas recién saliendo de casa. Personas de todas las edades pasaban zigzagueantes por mi lineal y extraviada mirada. Suspiraba resignado y parpadeaba sintiendo el peso de mis párpados, mientras los quince minutos hasta que el siguiente tren venga pasaban en cámara lenta. Hacía movimientos con mi cabeza. La bajaba y cerraba los ojos para poder escuchar el silencio entre tanto ruido. Entre tanto bullicio encontré tranquilidad.
Y quince minutos pasaron, me levanté y me dirigí hacia la plataforma a esperar el bendito (por no decir puto) tren. Ya casi las diez de la noche. Comencé a sentir frío. Suspiraba a boca abierta y salía el vapor de mi interior. Quedábamos pocas personas en la estación y eramos tres los de la plataforma. Llegó y subí. 
Alrededor de treinta minutos de viaje, más otros cuarenta en colectivo que me separaban de mi casa. Pero era el tren o el suburbano que si bien venía más rápido y era prácticamente incancelable, era también de diferente recorrido el cual era mucho más largo. El tren era mi única opción favorable por el momento. 
Bajé del tren y caminé dos cuadras hasta la parada del colectivo. 10:50 de una noche fría que comenzó siendo movida para terminar siendo un entierro. Imaginaba a todos en sus casas disfrutando de una comida calentita mientras que yo estaba en la parada, pero en camino hacia algo mejor.
Vino el 106. Vacío y frío, como de película de terror. Me senté en la última butaca cerca de la puerta de salida, abracé mi mochila y me recosté por el helado vidrio, para sin quererlo, hacer la situación un poco más dramática. Paradas posteriores subieron dos personas más. Ya no me sentía tan solo, pero sí tenía más frío. Cuarenta minutos y un número incontable de cuadras hasta la calle 8. A pocos minutos de la medianoche estaba bajándome del colectivo. Ya estaba por ser sábado y yo aún no llegaba a mi casa. Maldije el tren que se canceló, maldije después el barrio de mierda en donde vivía, maldije el invierno, maldije el lugar de mierda en el cual trabajaba, maldije a mi jefe, maldije la puta ciudad donde vivo y maldije mi vida. Maldije todo lo que era, maldije a Dios por no permitirme llegar a algo mejor.
Maldiciendo y rengueando llegué a casa. Tenía los dedos tan helados que me dolían al meterlos al bolsillo de la mochila para buscar la llave. La encontré, la saqué y se me cayó al suelo. Ya no tenía nada más que maldecir. Ya maldije todo lo conocido por mí. Así que largué una risa, y algún "la puta que me parió" habrá salido de mi boca. Entré, me saqué las zapatillas para por fin quedar en medias, dejé la mochila y me saqué la campera que apenas me dejaba caminar de lo grande que era. Muecas de gusto se habrán figurado en mi rostro al sentir el ambiente cálido de dentro de casa. Fui por el pasillo hasta la cocina, y la vi.
La vi.
Su espalda perfecta siendo protegida por un saquito color rosa que le sentaba perfecto, con su pelo recogido dejándome ver su nuca blanca desprotegida esperando por un beso mío. El delantal atado a su cintura que me volvía loco. Su cintura era motivo de mi existencia. Estaba cocinando y eso olía bien, pero no más bien que ella. Estaba cocinando para mí. Me acerqué y la tomé por la cintura dirigiéndome sin tapujos hasta su cuello, como un felino depredador que ataca a una pobre e indefensa gacela. Mi vida entera. Tan débil y dócil que se estremeció y largó una risa ante mi inesperado saludo. Volteó, me vio roto, cansado y débil, pero no más que ella. Me miró a los ojos, sabía que esa mirada a los ojos, la más sincera, era la que más me gustaba. Me acarició las mejillas y me besó en los labios. Ella daba los besos más lindos. Me preguntó cómo estaba, hablamos un rato y en menos de cinco minutos me hizo reír a carcajadas. No me había reído desde que la vi dormir por la mañana antes de irme a trabajar. Ella rompió con toda mi cotidianidad de mierda, me hizo sentir querido con apenas miradas, me cocinó y me abrazó, para más tarde, como todas las noches, hacerme el amor. Ya no recordaba todo lo que maldije, tampoco recordaba las cosas que me salieron mal. Me olvidé por completo del tren cancelado y del frío que sufrí. Me olvidé de todo el esfuerzo que hice, que me tomó dos segundos darme cuenta que no fue esfuerzo, sino un honor, cuando ella es el motivo.
Tarda en llegar, y al final, al final, hay recompensa. 

lunes, 24 de noviembre de 2014

Maten al pobre.

Maten al pobre, sin nada que temer.
Maten al pobre, no tiene nada que perder. 
Maten al pobre, que muera aturdido
por los gritos sinsabor de una muerte sin igual.

Maten al pobre, que quede bien muerto.
Maten al pobre, es un estorbo social.
Maten al pobre, demonio en decadencia.
Qué escenario es mejor que el de su muerte cerebral.

Maten al pobre, que está muy cansado.
Maten al pobre, que ya no sirve más.
Maten al pobre, que no hace más que vomitar
lamentos de otros que se tuvo que tragar.

¿Pero por qué lo matamos?
¿Qué hizo a parte de luchar?
No encontró su lugar en ningún lado.
Todo ésta ocupado por ésta grasa social.

Maten al pobre, y que en paz no descanse.
Maten al pobre, total se va a morir igual.
Maten la pobre, así hay más para nosotros
de ésta comida sin sabor que dignos no somos de degustar.

Maten al pobre, que sin pan en su mesa,
maten al pobre, aún así pudo sobrellevar,
maten al pobre, su día y día tan cansado.
¿Quien va a ser el puto que lo va a matar?

¿Pero por qué lo matamos?
¿Qué hizo a parte de luchar?
No encontró su lugar en ningún lado.
Todo ésta ocupado por ésta grasa social.

lunes, 10 de noviembre de 2014

7/11.

Ella inclinaba su cabeza hacia uno de sus hombros así su cuello quedaba desnudo y desinhibido para él, que con su nariz fría tanteaba su esternocleidomastoideo y olía un poco. Habrá sido muy dulce su aroma ya que lo incitó a besarla, un beso que la estremeció y le brindó cosquillas las cuales le provocaron una risa tímida acompañada con un movimiento que dejó su cabeza en su lugar, escondiendo su cuello ya conquistado por él. Miradas mutuas y un beso ligero haciendo apenas que sus labios se rocen y se disfruten por milésimas de segundo. Ella encontró en el hombro de él, un hermoso lugar en el cual su cabeza puso a descansar, era todo tan perfecto y suave, todo tan afuera de la cotidianidad. Pero, vaya uno a saber si era realmente amor.

Ella saltaba sudorosa, él ya extraviado con los ojos desviados, enojado con quien sabe qué por no poder prender su porro, sin poder coordinar sus movimientos para que la punta de su cigarrillo de marihuana coincida con la débil llama de su encendedor. Ella se acercó y él se olvidó de lo que procuraba hacer. La miró haciendo maniobras sinuosas, y ella a él. Se acercaron rápidamente pero en su mundo alargando cada momento, hasta llegarse. Se abrazaron, cada uno con dos brazos, simulando tener mil. Él la cuidaba y a su humanidad, ella, intencionalmente, se refugiaba en la suya. Desde lejos yo podía ver como sus lenguas colisionaban sin tapujos y sin intenciones de en algún momento detenerse. Mientras ella deslizaba sus manos por la espalda de él, y él las bajaba hasta los glúteos de ella. Qué momento más consumado. Pero, vaya uno a saber si era realmente amor.

En un escalón estaba sentada yo junto a mi mamá y mi hermano, ellos hablaban y reían, yo observaba al mundo desintegrarse y volviendo a sintetizarse en cada acto recíproco de amor, con buena música de fondo. De a ratos me despabilaba y dejaba de mirarlos, para concentrarme en la banda tocando y en mi objetivo en el lugar: escucharlos. 
Con cada canción sonreía a mi mamá, o la abrazaba, traté de disfrutar cada momento. Era realmente amor.
Pero algo me faltaba. Aún así algo me faltaba, y cómo explicar eso que me faltaba. Capaz quería yo también fantasear con la idea de engañarse a uno mismo y verme aliada a alguien, o tal vez era el día y el momento, y mi forma de ser. Pero me dije a mí misma, "estoy buscando amor".

lunes, 27 de octubre de 2014

Canción del adiós.

He descubierto un mundo nuevo.
El sosiego de tu expresión facial, tu quietud natural, lo increíble de tu paz, tu cruel tranquilidad, tu juzgadora mirada, y demás facultades que te adjudico, las cuales me tomaron menos de dos minutos descubrir que tenías. No se con exactitud cuánto tiempo habremos estado juntos, y no hablo de juntos sólo los dos, sino en un mismo espacio, compartiendo palabras, a veces miradas, indirecteándonos (por lo menos por mi parte fue así), viéndote y vos mirándome. Me gusta creer que cuando me mirabas era adrede, y no simplemente el correr de tu vista que justo se detenía en mi latitud. Me gustaba pensar que tus pupilas, intencionalmente, descansaban en mí. Me hace sentir bien.
Qué desafiante me resultaste. Lo peor es que creo que todo fue sin querer. El verte por poco tiempo de cerca me permitió soslayar cualquier posible escándalo mental en los cuales con frecuencia me veo involucrada. Sustituiste por un momento todo eso que me hace falta.
Qué desafiante tu sosa forma de ser, que no se qué ha de tener, pero de un instante a otro, me volvió loca.

Me iré sin saludar.
Al parecer no te gusta el amor. De no ser así, deduzco que te gusta el amor de una manera muy loca que sólo vos conocés, de ese que te envicia, que te enamora hasta los huesos, de ese que duele y a la vez ayuda, de ese que nadie puede darte y buscás en otra parte y en otras cosas. Decidí no saludarte y hablarte sólo poco, palabras que no eran mías, sin ser fina, rozando la ordinariedad. Quise pretender ser algo que no era para impresionarte, cuando fui más yo que nunca, y en vez de impresionarte, impresioné a los demás, quienes creían conocerme y se encontraban con demasiada información junta y actuada de mí. Vos no dijiste nada, sólo bajabas la mirada. Vos me sabías y me conocías, sin saberme o conocerme. Algún chiste habré hecho, en una que otra ocasión te habré hecho reír, con alguna u otra frase me habré ganado tu confianza. 
No entiendo cómo no te conocí antes, cómo no apareciste en mi vida desde hace tiempo. Me miro al espejo y mis iris tienen el mediocre color del amor, de ese que no puedo tener.
Y no te dije "adiós", ni "hasta luego", sólo un "chau" comprometido. Lo que hubiera dado por un beso en cada mejilla, por una despedida un poco más digna, por un adiós que haya podido disfrutar. Durante el camino a casa quedaste latiendo en mi consciente.

La vida sigue.
Así es, pasaron los días, cinco para ser más precisa. La verdad que no pensaba en vos, para nada, me encontraba tan prendida a mi cotidianidad que me percataba de que tu presencia podía estar próxima a la mía. Caminando y girando con el aire, distraída como siempre, pero ésta vez como nunca, me crucé con tu andar. Mis sentidos quedaron absueltos y dilatados, ya perdiéndose en los átomos de tu mirada que llegaban hasta mí. Caminaste fijo y sin parar, también sin mirarme. Tu abúlica forma de ser te permitió largar un "hola" que contesté con otro similar. Me hubieses dejado mirarte un ratito más, disfruto hacerlo. Qué absurda manera de quererse. Sos todo sin razón.

¿Qué nos deparará?
Subí las escaleras pensándote, y después te pensé un poco más. Te sigo pensando ahora y sé que más tarde voy a volverte a pensar. ¿Será que algún día me vas a pasar?


Attaque 77 - Canción del Adiós:


domingo, 5 de octubre de 2014

Hasta el sol.

Con el sol las canciones no son tristes
y las lágrimas se vuelven cristal.
Dejame que te diga lo mal que hiciste
en olvidarte de lo que te hace olvidar.
Por favor no me corrijas,
que al igual que vos, me tengo que equivocar.
No comprendo, dejame consumirme,
adolecer en paz, poder sufrir en paz.

Es asombroso como tendés a auto-abrazarte
y usás tu propio hombro para echarte a llorar.
No tengo miedo, si hubo un pasado mejor,
ya que el presente no existe, un futuro lindo vendrá.

Y acordate que si de ser o no ser hablamos,
no levantes el meñique para tomar cerveza,
que si de orina se derribó un puente,
cualquier palabra puede hacerte llorar.

Metamos excusas en éste mar de lágrimas,
siempre hay algo con qué excusar la felicidad.
Comámonos el mundo, volemos alto,
deseos dorados, nadie nos podrá bajar.

Y lleguemos al sol con el cual las canciones no son tristes y las lágrimas se vuelven cristal.

viernes, 3 de octubre de 2014

La misma vieja historia vieja.

Te vi de nuevo. Bueno, en realidad tu foto, esa última que te sacaste. No puedo creer que después de varios meses siga hablando sobre vos y pensando en vos, no se porqué le doy tanta entidad a ésta nada que nos une, pero sí, me encuentro sin palabras frente tu foto nuevamente. 
Estoy hasta las manos, no me importa ser reiterativa. Nombraría tus cualidades cientos de veces consecutivas, sólo para que quien lea ésto sepa de lo que se pierde, de lo que no tuvo y lo que tuve yo alguna vez. Y que eso me haga pensar que, aunque sea una mentira gigantesca, ese alguien leyendo sienta cierta envidia hacia mí, que piense que me gané algo grandioso y eso me hace superior. Aunque no es así. Ese alguien ahora leyendo podría estar o pudo haber estado en situaciones mucho mejores y dignas de contar, de paso, riéndose a carcajadas ahogadas de ésto que cuento, de mi desamor. Pero no me importa, voy a pensar que las cosas son como yo quiero que sean, me voy a auto-dar el gusto, porque nadie más lo va a hacer. 
Me explayé demasiado con cosas que no interesan. 
Y sigo viendo tu foto. 
Algo me atrae, algo me inquieta. 
Me atrae tu sonrisa, es la más linda. Esos hoyuelos, esa barba, esa nariz, esos lunares, esos rasgos faciales que te hacen defectuosamente hermoso. Esa simpatía. Ese todo vos que logro ver, porque tu esencia que ya conocí, me permite saber que en ese lugar en el que te encontrabas fotografiándote, estabas muy feliz. Lo veo en tus ojos, aunque los lentes de sol los cubran. Pero lo veo, te veo feliz hoy, y eso me hace bien. 
Pero también está lo que me inquieta, que es ella, la puedo ver en la foto también. Corona la imagen con una sonrisa, que creo es el motivo de la tuya. Tan segura ella, tomándote del hombro, riendo pícara, pensando que junto a vos no existe momento en el cual no esté feliz.
Dichoso el sol que iluminó sus rostros y les permitió tomarse esa fotografía para inmortalizar ese feliz momento, porque me juego la cabeza que así fue, que estaban viviendo. Dichoso su cuerpo que es rodeado por el tuyo. Dichosa ella, el bien que debés estar haciéndole. 
Yo estoy muy bien, sí, solo que a veces miro fotos. 
Ya casi no pienso en vos, no mutilo mis emociones, solo que a veces miro fotos. 
Y perdón si a veces miro tus fotos. Y no me pidas perdón vos a mí, ya no lo pidas más, no me sirve perdonarte por el mal que creés me hiciste. Nada por perdonar. 
No hiciste más que hacerme bien. Gracias.

lunes, 1 de septiembre de 2014

No rush.

Una triste historia linda de contar, es ésta. Tampoco es tan triste, ni tan linda de contar. Es una más del montón. Como él y como yo, con peculiaridad ante los demás.
Lo pienso y se me enfrían los pies, y los tengo que frotar para calentarlos, tal como antes lo hacía él. Porque él no era un común, uno más, sino el que resaltaba ahí, el fluorescente, el que no se atrevía a pasar desapercibido, el desinhibido por demás, el que logré capturar, el que me dejó seducirlo y me vulneró, el que cuyos recuerdos guardo bajo el colchón. El mismo que hoy sigue ahí, sin ser un común, ni uno más del montón, que sigue resaltando, siendo desinhibido, pero que ya no es mío.
Nos conocimos de la peor manera, en un chat de porquería. Porque aunque no haya parecido, uno estaba más solo que el otro. Yo vendría a ser "el otro". Sólo queríamos esquivar cualquier emoción y soltarnos a la nada, sacando a relucir nuestra ordinariedad y nuestra palpitante libido, buscando acción, en lo posible asquerosa, como bien nos gusta a los dos.
Fue incompetente de mi parte dejarme llevar hasta tan lejos, por él, que tan fácil la sobrellevaba, que con tanta eficacia me dominaba sin intención alguna. Una mente morbosa que me envolvió, siendo yo paño blanco para pervertir.
Insana forma de atraerse. Nos separaban más de 1000 km que, para quien jugar quiere, no es un inconveniente. Jugar queríamos, siempre quisimos. Nos separaban más de diez años que, para quien quiere meterse en problemas, tampoco es un inconveniente. Yo siendo menor de edad, a un año de la legalidad, con ganas de jugar, tantas como las suyas.
Empezamos con charlas ridículas intercambiando información que ni a él ni a mí nos importaba, pasamos el tiempo, dormíamos en camas separadas sin pensar en el otro. Estábamos pegados a la realidad que mirábamos con una sola perspectiva, que no era la perspectiva de ganas de aventurarse, sino que la simple, la que nos advertía cómo eran las cosas. Él lejos de mí o yo aún más de él. La realidad verdadera, que después para nosotros dejó de serlo.
Pasó el tiempo y nos convertimos en un juego que ya nos gustaba mucho, que se tornó inseparable a nuestra manera de pensar, de sobrellevar el aburrimiento, y a nuestras ganas de conocernos un poco más. 
Él, aceite hirviendo, y yo, agua pura. Me ensució de a poco, me llenó de morbo. Pero no, no podíamos mezclarnos, ante las imposibilidades de no poder y no deber. Cuando debíamos, aunque no podíamos, pero lo queríamos más aún.
Ya nos enroscamos en la idea de hacernos promesas, prometiéndonos gozos y sacrificios. Nos prometimos brindar asquerosos placeres el uno al otro, hacernos lo que quisiéramos sinvergüenzas. Me prometió dejarme a su merced y hacerme sentir como nunca antes me había sentido, y así fue.
La idea y las ganas de que lo hablado día a día se concrete crecían inimaginablemente. Yo ya no podía conmigo misma, no me alcanzaban las manos ni los órganos sexuales para simular su presencia. Lo necesitaba a él. Fue cuando decidí aventurarme, y viajar, verlo, concretar lo prometido y descubrir hasta dónde se puede llegar partiendo de unas simples palabras por chat. Se lo comenté. Se encantó. Emprendimos algo, que no sabíamos con precisión qué era. 
Esperé a cumplir dieciocho años y viajé a La Plata. 
Me di cuenta durante el viaje que la causa del problema que daría un efecto negativo tiempo después, radicaba en ésto de acostumbrarnos a lo habitual que no es lo que nos hace bien. Me refiero a que, supe luego de conocerlo que lo que me hacía bien era lo que me transmitía él, lo que me enseñaba tal vez no intencionalmente, o que yo aprendía de él. Tal vez comenzaba a quererlo. Él pudo hacer lo que nadie antes de él y hasta ahora pudo, que fue empujarme a conocerme a mí misma, abrirme las puertas hacia mí. Me obligó a auto-complacerme por lo menos hasta que él me tenga en sus brazos. Me enseño a quererme.
Llegué, lo vi, lo tuve y me tuvo. Un beso, un abrazo, una caricia y otro beso. Palabras, sonrisas, miradas y expresiones de deseo. 
Puso un disco de Babasonicos. Nos miramos a los ojos unas milésimas de segundo que parecieron eternas, y me revolcó por todo el departamento. Nos cogimos. Nos cogimos mucho. Nos hicimos mierda y nos encantó. Fue algo inimaginable, totalmente inesperado para mí; sobrepasaba por mucho a lo que pude llegar a haber imaginado en alguna charla subida de tono que tuve con él. Fue increíble.
Les hablo de yo en su cama, en su piso, en su cocina y en su baño, tirada o arrodillada entregada a él, por gusto y placer. Nadie me obligaba; ni siquiera él con su actitud dominante. Yo, que hasta me sorprendí de mi misma, buscando la forma de complacerlo y complacerme. Sólo dos manos le bastaban y sobraban para dejarme a su merced. Jugó con mi cuerpo débil y lo cansó. Nunca nadie me había acariciado las tetas de tal manera. Me desnudó para poder mirarme durante unos instantes que se regaló mientras me hacía desear, para luego comenzar con las caricias, las oscuras, las que me estremecieron al límite. Con paciencia, delicadez y dedicación me trataba, era magia lo que hacía. No rush.
Sus dedos apretaron mis pezones y redondearon la circunferencia de mis pequeñas tetas, para luego ir bajando por mi panza, hasta mi pubis, para luego abrir mis labios rosados de tensión y acariciar mi clítoris de tal manera que no pude contener los gemidos ahogados. Me rompió los esquemas. Introdujo dedos, buscaba el punto justo. Cada movimiento acompañado con un beso que me dejaba loca. Muchos orgasmos en pocos minutos. Nos disfrutamos mucho.
No dejó un lugar de mi cuerpo sin tocar, marcó lo suyo. Me probaba e hizo que me pruebe, tirándome de mechones de pelo, mordiéndome el cuello, tapándome la boca, amagando meter sus dedos en lugares donde yo no dejaba que los meta, arrancándome gritos, dándome chirlos, haciéndome desear. Recuerdo que de a ratos apoyaba por unos segundos sus manos grandes en alguna parte de mi cuerpo y esa parte se calentaba, me agarraban escalofríos y perdía la voz. 
Con ritmo impuesto entraba y salía de mi interior, hasta una mirada a los ojos y un orgasmo mutuo que nos dejó al acecho y con ganas de descansar después de horas de trabajo.
Ya no nos limitaba nada. Enredados estábamos; él con su pierna entre las mías y uno de sus brazos bajo mi cabeza para con el otro acariciarme el hombro. Con la mente en blanco yo sentía sus caricias. Nos había pasado algo y desde ese momento ya nada sería igual. Tuve sensaciones raras al sentir su tacto, y no estoy muy segura de qué habrá sentido él. Intercambiamos palabras y nos dispusimos a otro round, que una vez finalizado nos permitió disponernos a otro, y así, hasta que perdí la cuenta. Nunca nadie me llenó tanto de morbo.
La pasamos bien. El sexo fue tan fantástico que nos cegó por completo, o simplemente fuera de la cama nos entendíamos muy bien, como rara vez sucede. Nos reímos, nos divertimos, cogimos un poco más, y nos quisimos. Bueno, lo quise.
Volví. No quería volver y fue una despedida dura llena de besos y promesas de volver a vernos. Prometimos que la próxima vez sería doblemente placentero.
Llegué a casa, mil kilómetros atrás. Las cosas volvieron a ser casi iguales que antes, salvo la espontaneidad con la que ahora nos expresábamos las cosas, que era mayor a la anterior. Seguimos divirtiéndonos, haciéndonos reír y dándonos placer mediante aparatos virtuales.
Pero las cosas fueron cambiando.
Por más que teníamos en mente volver a vernos y programábamos un reencuentro no muy lejano, la reciprocidad a la hora de expresarnos las cosas que siempre nos expresamos fue disminuyendo por parte de uno de los dos. Por parte de él. Fue inentendible para mí. Puso excusas tontas, increíbles, que me costó procesar y digerir, las cuales no creí, las cuales él admitió luego que no eran verdades. Pensaba yo que la verdad posible era ya no gustarle, no excitarlo o no haber sido suficiente para él. Estupideces básicas que me permití pensar. Pero, la realidad era que su mente es diez años más vieja que la mía, como también su experiencia. Después de tenerme por un corto período de tiempo para luego no tenerme nuevamente, hizo que piense sobre el no estar solo. Él ya con veintiocho años no encontraba atractivo seguir así. Todo fue una suposición mía, él no me dijo nunca nada.
Y así, volvimos lentamente a las andanzas del principio, de cuando ni bien nos conocimos. Intercambiando información que ni a él ni a mí nos interesaba, con la diferencia de que eran cosas que a mí no me caían bien, porque algo que nunca hubiese querido que me suceda, estaba sucediéndome: Yo lo quería. No lo podía evitar, soy mujer, y él tocaba mis dimensiones, fue como quitarme el único capricho que alguna vez me dejaron tener. 
Hoy estamos como antes del principio, sin hablar, sin conocernos. Él sin extrañarme y yo queriéndolo. Él sin quererme y yo extrañándolo, porque las cuestiones de los no correspondidos son sobrellevadas de ésta manera. Ahora sólo puedo decir que de haber tenido la oportunidad de nuevamente conocerlo y entregarme a él, para que me llene de morbo y me deje sucia como ahora estoy sabiendo que iba a terminar de ésta manera, lo volvería a hacer.

sábado, 30 de agosto de 2014

Eloy.

Estar susceptible y vulnerable a la mínima energía negativa siempre me ayudó para bien porque me hizo pensar, razonar, poder ver mi realidad de manera diferente, me refiero a correctamente, por unos segundos. Y me pasa cuando se hace de noche. Ya cumplí con todas mis obligaciones y tengo tiempo que dedicar a mis familiares y a mí misma, y lo hago. Cumplo con ellos y después me regalo un rato. Un rato para pensar en lo mal que la estoy pasando, en lo débil que me siento, en la poca fuerza de voluntad que últimamente ando teniendo, en lo poco que me ando queriendo, en lo poco que me ando entendiendo. Pienso en ese algo del cual hace diecisiete años quiero librarme y no puedo, del miedo a crecer y a no cambiar. Ya quiero algo que me diferencie, que me ayude, que me de más seguridad. 


Ya no se si confiar en mí, 

ya ni al espejo me quiero ver.
Mutilando mis emociones,
quiero algo que me haga sentir.

En mi cabeza un abismo profundo,

dónde de un envión caen todas mis cualidades.
¿Qué importa el cerebro? ¿Qué importa el corazón?
No son facultades que me pueda adjudicar. 

Porque importa la belleza, el dinero,
el poder y nada más.

Mil propuestas desechadas y otras mil sin proponer,
cabizbaja y audaz me permito andar.
Percibiendo la esencia de la gente, de su pobreza de mente.
De su pobreza espiritual.

Observando fijamente los caminos para saber cual elegir,
aunque no sepa a dónde ir.

Y un fantasma del pasado que quedó merodeando,
molestando e incitándome a no ver la realidad.
Pero al fin y al cabo es el único que me da felicidad.

lunes, 18 de agosto de 2014

Querubín del infierno.

Inteligente, memorioso, directo y tenaz.
Pero no hermoso. No se dejaba ser hermoso.
Fiel a sus convicciones, enamoradizo y perverso.
Pero no hermoso. No se dejaba ser hermoso.

Mentiroso, qué buen mentiroso. ¡Cómo me mentía! ¡Tan bien!
Bueno y capaz, macho rapaz, dejame con vos soñar.
Volame la cabeza, que en idas y vueltas olvide quien soy y para qué estoy.
Correme de la línea, manteneme viva. Verdadera y justa. Directa y tenaz.
Pero no hermosa, no me dejes ser hermosa.

Inteligente, memorioso, directo y tenaz.
Rompedor de esquemas, mi mitad transversal.
Infinito imaginador de realidades masoquistas que hoy nos harían bien,
a mí me harías muy bien.

Inteligente, memorioso, directo y tenaz.
Pero no hermoso. No se dejaba ser hermoso.
Motivo de perdición que crea desesperación. 
Rey de la perversión, tan lleno de ambición.
Pero no hermoso. No se dejaba ser hermoso.

martes, 29 de julio de 2014

Café.

Me acordé sin querer, nuevamente, de vos. 
De lo lindos que son tus ojos, de ese lunar cercano al derecho. De la cicatriz en la comisura de tu boca. De tu risa chueca, hermosa, indefinida, imperfectamente perfecta. De tu pelo corto castaño oscuro, sin movimiento, estático. De tus expresiones irónicas que me hacían reír mucho y terminar cada carcajada con un suspiro retirando la mirada de tu boca y poniéndola en tus ojos, nuevamente. De tu voz, mi cosa preferida tuya. Tu voz cantándome, diciéndome las cosas que más me gustaban, y también las que no. De tus ocurrencias. De tus pensamientos. De tus tristezas. De tus secretos, esos que sólo me contaste a mí, para los cuales sólo pudiste abrirte conmigo. De tu seguridad. De tus promesas. De tu fija forma de pensar. De tu frialdad. De tu calidéz. De tu sensilléz. De tu vergüenza. De tu cuidado. De lo feliz que yo percibía que eras conmigo. De lo bien que me hiciste. De las ganas de que no cambiaras jamás. 
Y se que no lo hiciste. Se que seguís igual, lleno de histeria, problemático, incumplidor, puro, de enojo fácil, de risa difícil, sentimental, temperamental, incorrecto, justo, decidido, precioso, valioso, preocupado por la felicidad ajena, que ya no es la mía. 
Qué feliz te veo, agarrándola por la cintura. Sonriendo ambos a la cámara, seguros. Vos pensando en ella, ella pensando en vos, y yo pensando en vos. En que podría estar en su lugar, en que podría voltear hoy y besarte la mejilla, en que podría guardar en vos mis miedos, en que lucharías contra lo que me acompleja, en que podrías hoy seguir haciéndome feliz como lo hiciste alguna vez. 
Y ahora se me enfrió el café; voy a hacer de cuenta que mi café frío me interesa más que el no tenerte conmigo y nuevamente extrañarte hasta perturbarme. 
¿Qué más puedo hacer?

martes, 8 de julio de 2014

I´m wrong.

¿Qué estoy esperando? ¿Te espero a vos? 
Recién me desperté y me dí cuenta que mi vida está dada vuelta.
¿Qué tengo que hacer? ¿Lo voy a hacer? No sé.

Yo solo quería sentir, pero sentir muy fuerte. Pregunté a todos y nadie tenía la respuesta.
¿Qué tengo que hacer? ¿Lo voy a hacer? No sé.

Tiempo al tiempo, me dijeron.
Que va a ser fácil me dijeron.
Y creí. Sí, creí.

¿Y ahora qué tengo que hacer? ¿Lo voy a hacer? No sé.

sábado, 28 de junio de 2014

No te preocupes.

Vení, vení que te voy a hacer vivir un infierno. Pasá por acá, ponete cómodo. Sí, cómodo vas a estar, porque voy a actuar como nadie. Vas a vivir en un mundo de apariencias del que no vas a querer salir, porque voy a hacer que te desprendas de la realidad un rato, para después hincarte ahí, en los afectos, en donde más te duele, y sin anestesia previa. 
Te va a encantar estar conmigo. Voy a hacer que te encuentres a vos mismo, que empieces a quererte, te voy a halagar como nadie. Voy a resaltar tus cualidades y hasta te van a gustar tus defectos. Te voy a decir que sos como ninguno. Te voy a complacer en todo sentido. Me voy a desvivir para que sientas placer. Vas a tener los mejores orgasmos; esos que te encantan, los auditivos y los visuales. Te voy a cantar siempre. Voy a hacer que sueñes conmigo. Te voy a hacer sentir deseado, querido, el único en el mundo y en mi lista. El único que quiero. Lo único que necesito. 
Todo eso, para después, con una simple frase, destruirte. Destruir tus emociones. Dejarte seco. Dejarte sin ganas de sentir. Sin encontrarle el sentido a nada. Hacer que tengas que volver a tus anteriores andanzas. Hacer que pierdas la dignidad por ahí, y que no te importe. Te voy a llenar tanto la cabeza con cosas buenas para después dejar de mostrarte reciprocidad en el cariño por un ratito, y te des cuenta de que es todo una mierda. Te voy a dejar revolucionado para mal. 
Porque si bien desde antes ya eras un infeliz, ahora voy a hacer que te sientas infeliz, después de haberte hecho la persona más feliz del mundo.

Nada de eso alguna vez te dije, o te hice.
Vos tampoco me lo dijiste, con la diferencia que lo hiciste. Me revolucionaste. Cambiaste mi estado, mi paradigma. Disipaste mi forma de vivir.
Hubiera preferido que me dijeras todo lo que tenías pensado hacer conmigo.

domingo, 8 de junio de 2014

Ahora

Estoy secándome y quiero oír el silencio, 
memorizando todas mis miserias.
Extrañas consecuencias que derivaron de salvajes impulsos,
y no me arrepiento de ninguna de ellas.

Estoy viviendo mi futuro en el hoy del ayer,
¿Para qué mirar el reloj?

Mariposas, veinticuatro horas de vida.
Almas, toda una eternidad.
Lo mágico de las mariposas es que recordamos que viven un día,
lo mágico de nosotros es que nadie nos va a recordar.

Estoy viviendo mi futuro en el hoy del ayer,
¿Para qué mirar el reloj?

Boomerang

Ensucio, y después lo limpio.
Fumo, y dejo de fumar.
Me afirmo, y me refuto.

Miro, veo y observo.
Son tres cosas diferentes,
que me hacen mal a la mente.

Y no hay nadie que me pueda ayudar,
y ésta vez hablo en serio, estoy al límite.
De todos modos, nadie se ofrecerá,
prefieren morir que ser víctima de ésta locura
de ésta locura
de ésta locura
de ésta locura
de ésta locura.

Tiemblo, se que venceré.
Los que caminamos solos alguna vez,
no tenemos miedo.

Sudo el sudor de ésta fiebre.
Una fiebre fría que
me empuja hacia el más allá.

Y no hay nadie que me pueda ayudar,
y ésta vez hablo en serio, estoy al límite.
De todos modos, nadie se ofrecerá,
prefieren morir que ser víctima de ésta locura
de ésta locura
de ésta locura
de ésta locura
de ésta locura.

¿Alguna vez pensaste, que pediría tu mano
para agarrarla fuerte y no soltarla nunca más?

¿Alguna vez creíste que sería fácil sobrepasar la destrucción?,
la destrucción sentimental apuntada a tu corazón.

¿Alguna vez fuiste capaz de generarla?
Dejame advertirte que volverá, y será víctima de tu locura
tu locura
tu locura
tu locura
tu locura.

Ritual

Me declaro culpable de lo que te pueda llegar a pasar,
aunque te va a doler, te va a gustar.
Vas a terminar pidiéndome más.

Lo sé, mi cabeza no está en su lugar,
mis ojos desubicadamente te ven.
No aguantan más; te quieren poseer.

Te vas a quemar, te consumirás.
En mis labios húmedos de tu sequía. 

Y mirá que te esperé tanto tiempo,
tanto te busqué hasta que te encontré.
Moví cielo y tierra por vos.

No podía vivir mi vida tranquila, 
necesitaba de tu pureza en mí.
Necesitaba de tu fuerza.

Te vas a quemar, te consumirás. 
En mis labios húmedos de tu sequía.
Te vas a quemar, te consumirás.
Y luego te dejaré ir pero nos volveremos a encontrar.

Te vas a quemar, te consumirás.
En mis labios húmedos de tu sequía.
Te vas a quemar, te consumirás.
Y luego te dejaré ir pero nos volveremos a encontrar.
Tal vez en otra vida.


miércoles, 4 de junio de 2014

Sol para él.

Hay algo en la forma en que habla, sus palabras nunca se acaban. Tan solo si le pudiera preguntar al sol cómo no poder olvidarlas. 
Él parece no ser de verdad. Él no tiene pasado. El sol lo vio pasar y no me lo ha contado.
Luz en tus ojos. Pensar en tener que pensar. Oscuridad en medio de tanto sol.
Ríos de oro cruzando mi mente y no puedo dejar de pensarlo. Inconfundible conciencia de ser, lo miro y me pierdo en su alma. 

lunes, 26 de mayo de 2014

Otra oportunidad.

Qué acto más hermoso secar las lágrimas de quien te amó,
y acompañar, y no dejar, no decaer, perseverar. 
Saber que viene algo mejor, por un cambio procurar.
Dejar que entre en tu alma, podés resistir una vez más.

Sabés que nunca vas a estar solo,
en mis brazos frío nunca vas a tener.
No te mientas a vos mismo, lo necesitás,
y yo estoy acá para dártelo sin nada a cambio.

Vas a nacer de nuevo, porque así nos lo permiten,
quienes por nosotros velan, quienes no sabemos sin existen.
Pero preferimos creer a no creer.
Prefiero creer en nosotros dos.

Dame fuerzas que no tengo,
estoy débil como el sol en invierno.
Necesito que agarres mi corazón, lo fricciones 
en tus manos y le des calor.

¿Es mucho lo que te pido? Prometo darte más.
Lo que nunca pediste ni podías imaginar,
que sería tan lindo tener, como a mí me resulta tenerte.
Es tan lindo idealizarte, me siento tan fuerte al no dejarte caer.


Alma de Diamante

Qué raro yo invocando nuevamente a Spinetta. Qué raro él haciéndome sentir tanto.
En ésta mañana fría de mayo, me encuentro escuchando Spinetta Jade, sobreviviendo a mis duelos sentimentales, que, lastimosamente, me tocó vivirlos todos juntos. 
Es raro, (no voy a dejar de decir que es raro aunque sea lo más común del mundo). Ayer, es raro, pero estuve bien prácticamente todo el día. Digo prácticamente porque tuve mis decaídas, pero, es raro, porque después del drástico suceso del sábado a la noche, el domingo me sentí bien. Para qué. ¿PARA QUÉ?. Para hoy despertarme procurando no ahogarme en los océanos de incertidumbre que me creo a veces. Son océanos exclusivos para mí, donde estoy yo solita, sin nadie que me moleste, pero sin nadie que me ayude. ¿Mi salvavidas a dónde se fue?. 
Me levanté teniendo un pensamiento en particular, una idea aparente. Me dije que no voy a pensar en eso pero al estar pensando en no pensar en eso inconscientemente estoy pensando en eso, porque, en realidad, sólo en eso quiero pensar. Pero no quiero pensarlo para destruirme por dentro, sino para remediarlo, aunque no esté en mis posibilidades.
Me tocó vivir relaciones cortísimas y no tan significativas de las cuales, no salí triunfando, pero tampoco salí del todo mal.
Es raro.
Me pasa ahora, el acto significativo más reciente de mi vida, es que tal vez se esté terminando una relación realmente significativa, la cual me exprimió bastante. Tanto, que ni siquiera le veo el sentido a llorar. Tal vez me quedé sin lágrimas. Pero sé con certeza que me quedé sin sentir.
No se si es bueno o malo, lo que se es que es raro, pero sigo manteniendo una relación aunque no es sentimental con ésta persona que tuvo la frialdad de decirme las cosas como son para él, sin temor a romper mi corazón, sin temor a que deje de sentir, como está pasándome, pidiéndome perdón después y agradeciéndome por todo lo que le brindé. Claro, el que ya se encuentra ajeno a la reciprocidad sentimental en una relación no tiene problemas en hacer mierda al otro, y después pedir disculpas y agradecer. Sin embargo, los que recibimos la estaca en el pecho, perdonamos. No por ser estúpidos ni actuar sin pensar, sino por el simple hecho de que nos encontramos tan vulnerables después de haber perdido todo que no es todo sino lo que más queríamos, que no nos importaría perdonar. ¿Qué estaríamos perdiendo al perdonar? Nada. ¿Qué estaríamos perdiendo al seguir esperanzados, al pensar que esa persona puede cambiar de opinión y volver con nosotros? Nada tampoco, porque eso puede pasar, o tal vez no, pero nos gusta pensarlo. 
Un Alma de Diamante que tuve la suerte de conocer me robó las ganas de vivir. No digo que voy a quitarme la vida porque vivir, quiero seguir viviendo, así que reformulo la frase: Un Alma de Diamante que tuve la suerte de conocer me robó las ganas de sentir. 
No se para qué, porque él no las necesitaba, el tenía suficiente. Tal vez lo hizo inconscientemente. 
Éste escrito no habla de Spinetta, sino que, nuevamente lo invoco para memorizar lo que sentí el sábado, en el momento del impacto. Ya que entonó mis momentos, o nuestros momentos, o nuestros sentimientos.
Por el simple hecho de que siempre lo consideré con Alma de Diamante. Es más importante y valioso que cualquier otra cosa que hoy podría tener. 
Permiso, voy a seguir en mi duelo, tranquila. Las palabras de aliento se las voy a agradecer mucho. Y voy a seguir escuchando canciones tristes. 

Páginas en blanco.

Y vas a sentir que en una persona encontrás la salida hacia lo que más te gusta, como cuando escuchás rock and roll, pero de repente, esa persona te cierra la puerta.
Y te quedás sin salida, y sin rock and roll, y te acordás que minutos antes te hiciste claustrofóbico. Y ahora estás encerrado.
¿Qué vas a hacer? Tranquilizarte y buscar la llave que está por ahí, en algún lado la dejaste mientras te dejabas cegar por los encantos de quien te encerró. Permitite la salida vos mismo.
Así es el amor no correspondido. 

jueves, 22 de mayo de 2014

SIN PALABRAS.

Bajo las vías del tren.

Era la típica noche de cacería, Analí y yo esperábamos ansiosamente el tren de medianoche. No había nada mejor para nuestra causa que vivir en un pueblo que era dividido por la mitad gracias a las vías férreas. Aún recuerdo claramente cuando comenzaron a construirlas, había tanto polvo, y mucho movimiento interrumpiendo la paz de nuestra morada pero con el tiempo nos acostumbramos al terrible sonido del tren, el cuál ahora recibíamos como a un viejo amigo, pues un tren que llegaba representaba presas nuevas, jóvenes, llenas de vida y felicidad que pronto serían nuestras. 
Finalmente llegó el tren. Se bajó un grupo de alemanes universitarios, y antes de que pudiera escoger a uno, Analí ya se había llevado a dos. Éste sería el último tren que vendría tan cargado en al menos seis meses, no había tiempo que perder. Tomé de la mano a un chico alto, de oscura cabellera y comencé a correr. Fuimos alejándonos de la multitud, a él le costaba seguirme el paso pero al fin llegamos a nuestro callejón, miré hacia la calle para asegurarme de que nadie estuviese mirando, aunque claro, sería difícil distinguir algo en aquella oscuridad, coloqué mis manos con delicadeza alrededor de su cuello y se lo rompí. El cuerpo del joven calló de forma brusca y pesada al suelo, pero justo después hubo otro sonido que me estremeció, al voltear pude reconocer a Taroe sentada entre dos chicas muertas, tratando de inyectarse heroína. 

-Tar, no hagas eso- 
-¿Ésto?- Preguntó ella levantando la jeringa. -Sabés muy bien que no nos produce ningún efecto, solo estoy aburrida- 
-No, hablo de asustarme así… y de todas formas no deberías perder el tiempo jugando con esas estupideces humanas, tenemos mucho que hacer…- 
-Pero si hace rato entré y ya hay bastantes cadáveres, no creo que hagan falta más- Dicho ésto, ambas caminamos hacia la alcantarilla y bajamos, hasta nuestra secreta morada, allí pude ver que, efectivamente, había una pila de cadáveres más o menos del volumen que necesitábamos. Taroe y yo depositamos a nuestras presas en la pila y ella salió a buscar las jeringas, yo me quedé porque me pareció escuchar a Ankara llorar. Ankara es la más vieja de todas nosotras, tuvo que someterse al sacrificio de la inmortalidad cuando casi muere a manos de los conquistadores. Hasta entonces solo existía un ser inmortal en este lado de las montañas, el cuál accedió a convertir a la agonizante y dulce chica después de escucharla suplicar cada noche el perdón de los espíritus. Por eso ella cuenta con más de cuatrocientos años y aún tiene el aspecto inocente y delicado de aquella muchachita de ojos y cabello oscuro que huyo de su tribu cuando un grupo de conquistadores la prendieron en fuego. Volvió casi noventa años después y se encontró con un pequeño caserío, en donde vio como su raza era esclava dentro de sus propios dominios. Aunque de todas formas, esa ya no era su raza ni tampoco esos los dominios de esta última. Una a una, Ankara nos fue convirtiendo. De un momento de sufrimiento a una eternidad de tiempo con el que no encontrábamos que hacer, y creo que nunca lo encontraremos. Me incliné sobre Ankara y ella levantó el rostro, sus ojos tenían ese brillo que me decía que se lamentaba por ese amor que no podría tener jamás. 

-¿Otra vez?- Le pregunté mientras le secaba algunas lágrimas 

-Hoy has estado atrasada, ¿Cuántos llevás? ¿Uno?- Dijo ella, indicándome que quería cambiar de tema. 
-Si, solo uno- dije quedamente. 
-La noche está a punto de acabar, apurate.- 
-¿No crees que ya son suficientes?- 

-Trae al menos dos más.-

Y así lo hice, conseguí a otro chico y a dos chicas. Terminamos de exprimir los cuerpos justo antes del amanecer. Dejamos que los primeros rayos de luz solar tocaran nuestra pócima y al fin, la bebimos con el café. Sentimos que podíamos ver más, escuchar más y en efecto, viviríamos cien años más. Después de terminar el café salimos a caminar a las montañas, Ankara se me acercó y comenzó a hablarme con melancolía. 

-Quisiera tener un hijo- Dijo ella. 
-Sabes que no puedes, ya no eres humana, no puedes quedar embarazada- respondí, ya habíamos tenido esta conversación muchas veces. 
-Lo sé, es solo que…- 
-¿Qué clase de vida podrías ofrecerle? No podría vivir con nosotras bajo tierra, ¿Lo regalarías y lo verías morir? ¿O le darías esta maldita eternidad?- 
-No lo sé, pero tú tuviste una hija cuando eras humana, tú sabes lo que se siente, yo nunca tuve nada de eso- 
-Si, tuve una hija, la vi llorar mi supuesta muerte, la vi extrañarme muchas veces y no pude acercarme a ayudarle ya que su corazón me había sepultado, si hubiese ido con ella nunca hubiese creído que era yo y así la vi sufrir el resto de su vida, la vi envejecer y morir con una sonrisa porque creyó que adonde fuera me encontraría, pero no fue así, y observé todo eso en la distancia, atrapada en este cuerpo de jovencita, sin poder lastimarme o morir, y si acaso muero sé que no estaré con ella, ya que los espíritus me torturarán por haber rechazado uno de sus dones. Créeme cuando te digo, Ankara, que no quieres tener un hijo.- 
-¿Qué tan intensa era la desesperación cuando rogamos incesantemente para que se nos concediera este terrible don?- 
-No sé. Ya no lo recuerdo.-

Seguimos caminando hasta llegar a la cima de la montaña, las demás nos llevaban ventaja, observamos absortas el hermoso paisaje que se extendía ante nuestros centenarios ojos. Miramos hacia abajo, a las tierras en donde habíamos nacido, crecido, huido y casi muerto, las tierras en donde descansaban nuestros amores, amores que sabíamos ya no veríamos nunca. 
Quién sabe que nos espere en estos próximos cien años.


Mad. 24/07/2013.

La Justicia Terrenal Divina.

Estaba comenzando un rosado atardecer y el cielo se veía salpicado por algunas estrellas. Mi turno estaba por acabar así que fui a buscar mis cosas a los vestidores de las enfermeras. Fue entonces, cuando pasaba por el área de emergencias, que una voz ronca y titubeante captó mi atención.

-Por favor, se lo suplico, ¡ayúdeme!- Dijo el anciano mendigo con un débil hilo de voz, retorciéndose moribundo a los pies de un médico.

-Lo siento mucho señor, pero en éste momento no hay camas disponibles, me temo que no hay nada que podamos hacer por usted.- Replicó el doctor sin siquiera mirarlo.

Observé la escena indignada, aquel pobre hombre se estaba muriendo y al parecer a nadie le importaba. Me acerqué con decisión hacia donde estaban ambos.

-Disculpa mi intromisión, doctor, pero hay unas cuantas camas disponibles que yo misma acabo de tender.- Dije con toda la sobriedad de la que fui capaz.

-Gracias, gracias...- Balbuceó el mendigo.

-¿Podría venir conmigo un minuto?- Preguntó el médico tomándome de la mano y llevándome a diez metros del enfermo - ¡No puede decirle eso! ¡Mírelo! ¿Tiene cara de alguien que pueda pagar un tratamiento?-
-No, pero tiene cara de alguien que necesita atención inmediata, y por eso estamos aquí-
-No nos permiten dejar entrar a esa clase de persona, no lo podemos atender-
-Yo lo haré-
-En cuanto el director se entere le costará su empleo, y ese indigente morirá lo atienda o no-
-No me importa, tendrá una muerte digna-

Tras decir eso, caminé hacia el mendigo, que seguía tendido en el piso. Éste me miró con unos ojos grandes, tristes y agradecidos. Lo ayudé a levantarse y lo llevé a una de las habitaciones que acababa de arreglar. Lo ayudé a asearse, le dí de comer y lo dejé durmiendo, escapando hacia lugares más plácidos. 
Miré el reloj y era casi medianoche. Me levanté de la silla en la que estaba sentada, dispuesta ahora sí a irme, cuando el anciano se despertó y me tomó de la muñeca.

-Señorita- Dijo apenas audible, -¿Podría alcanzarme mi abrigo?

Le di la sucia y agujereada chaqueta de lana y él empezó a buscar en los bolsillos, después, sacó un grueso anillo de oro con una extraña piedra roja incrustada.

-Yo tenía hambre y usted me dio de comer; yo estaba cansado y usted me permitió quedarme aún sabiendo que ayudarme podría costarle su trabajo, así que por favor reciba ésto que es todo lo que tengo, y utilícelo para pagar mis gastos. Gracias a usted tengo un lecho decente en el cual morir- Dijo el anciano, mientras me daba el anillo y cerraba los ojos para siempre.
Le sostuve la mano hasta que se enfrió, me puse el anillo, y lo cubrí con una sábana. Una de mis compañeras vio la escena y me dijo que me fuera, que ella se encargaría de llevarlo a la morgue. 
No solo pagué los gastos de la clínica sino que también pagué su velorio. Como no sabía su nombre pedí que escribieran "Salomón" en la lápida, ya que por algún motivo, encontré paz y sabiduría en las últimas palabras del difunto. 

Está de más decir que me despidieron.


_______________________________________

Qué raro que le sucedan cosas malas a la gente buena. 

martes, 20 de mayo de 2014

No quiero.

No quiero estudiar, estoy cansada.
No quiero dibujar, me cuesta imaginar.
No quiero comer, no tengo hambre.
No quiero beber, no tengo sed.

No quiero mirar, me duelen los ojos.
No quiero oler, me duele la nariz.
No quiero tocar, me duele la piel.
Mi dañada y suave piel.

No quiero escuchar, no voy a leer,
no voy a cantar, no voy a bailar.
No quiero reír, no quiero llorar,
no quiero sentir, ni sobrevivir.

No quiero vivir, no me quiero matar,
no quiero ser, ni quiero estar.
¿De qué me sirve algo, si no sos vos?
No vale nada, si no estás vos.

No quiero viajar, no tengo plata.
No quiero escribir, me duelen los dedos.
No quiero hablar, me faltan palabras.
No quiero saber, menos conocer.

No quiero gritar, no tengo garganta.
No quiero volar, tampoco tengo alas.
No quiero correr, me duelen los pies.
No quiero pensar, no te quiero amar.

No quiero escuchar, no voy a leer,
no voy a cantar, no voy a bailar.
No quiero reír, no quiero llorar,
no quiero sentir, ni sobrevivir.

No quiero vivir, no me quiero matar,
no quiero ser, ni quiero estar.
¿De qué me sirve algo, si no sos vos?
No vale nada, si no estás vos.

sábado, 17 de mayo de 2014

Detentación.

Es tuyo. Todo ésto es tuyo. 
Mi mirada es tuya. 
Mi sonrisa es tuya. 
Mis manos son tuyas. 
Mis pies son tuyos. 
Mi espalda es tuya. 
Mi panza es tuya. 
Mi pecho es tuyo. 
Mi cuello es tuyo. 
Mis brazos son tuyos. 
Mis mejillas son tuyas. 
Mis muslos son tuyos. 
Mi sexo es tuyo. 
Mi cola es tuya. 
Mis tetas son tuyas. 
Mi sexualidad es tuya. 
Mi sangre es tuya. 
Mi respiración es tuya. 
Mis sueños son tuyos. 
Mis pensamientos son tuyos, 
y mi futuro es tuyo. 
Todo ésto, es poco, pero es tuyo. 
Soy tuya, por quererlo, y porque siendo tuya soy yo.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Paraíso Infernal

Dando vueltas en mi fría cama, me propuse a escribir
todo lo que recordaba, lo que alguna vez sentí.
Si mi sangre ya está sana, ¿quien es quien para juzgarme?.
Mis pecados de la carne y de grasa abdominal,
sopa de buenos deseos y abstinencia cerebral.

Particular belleza que irradia el sabio.
Me agarró y me llevó a dónde me pude encontrar.
Parecía el paraíso pero era aún mejor,
lleno de perritos batatas corriendo por todo el lugar.

Y llovían milanesas y nadábamos en cerveza, 
prendimos motores, nada nos podía parar.
Carne barata, droga legal,
un averno celestial, paraíso infernal.

Las adjudicaciones correctas, facultades a quienes debían ser
la masturbación para el joven, la audacia para el cobarde,
el juicio para el insensato, la sabiduría para el ignorante.
Cigarrillos y café, infinitos y eternos.
El festín inolvidable que ya no quiero recordar,
y cuando se detuvo el mundo, tuve que despertar.

Y llovían milanesas y nadábamos en cerveza, 
prendimos motores, nada nos podía parar.
Carne barata, droga legal,
un averno celestial, paraíso infernal.